El día de hoy Tim Schafer (el sujeto en la foto a la izquierda, cortesía de GameFreaks) recibió 1 millón de dólares, de manos de más de 30,000 desconocidos. No, el mundo no se volvió loco.
Bueno, si, pero éste no es el argumento más fuerte para demostrarlo pues hay una razón detrás de todo ello. Verán, mi sitio favorito de la temporada y quien ya se encargó de hacer posible uno de los proyectos más cool que verán la luz el próximo año le dió la oportunidad al señor Schafer, diseñador de videojuegos detrás de títulos legendarios como Monkey Island, Grim Fandango y Psychonauts – aunque no siempre un gran éxito comercial – de plantearle al público la posibilidad de patrocinar un juego completamente nuevo a ser desarrollado en su estudio, Double Fine. Alejado de las presiones de las grandes publicadoras, con toda la libertad de seguir sus instintos y darle gusto a los fans de un género que el mainstream considera muerto (los juegos de aventura) pero que obviamente tiene aún suficientes seguidores fieles como para romper todos los records de Kickstarter y juntar 1 millón de dólares en menos de 24 horas.
Yo no soy un gran fan de dicho género, pero decidí aportar al proyecto por la otra parte del trato: parte del dinero se usará para que 2p Player Productions haga un documental donde se narrarán a detalle todas las etapas de diseño y desarrollo del juego. Siendo el señor Schafer y su equipo el estudio que son, poder entrar a ver directamente cómo desarrollan un videojuego e incluso poder participar en ciertas partes del proceso es una lección invaluable para cualquier persona que ya esté o que desee integrarse al medio de los videojuegos.
Mientras que Tim y Double Fine acaban de adquirir un compromiso bastante serio – aunque es con sus fans y no con corporaciones malignas -, el público tiene muy poco que perder y, para variar, mucho por ganar. Si el juego resultara un fiasco la lección seguiría ahí (y en forma de documental para ni siquiera poder alegar demencia), pero si al contrario es todo un éxito no sólo obtendríamos un buen producto, sino que abriríamos más las puertas a los nuevos de modelos de financiación artística que le dan el poder al artista y al consumidor en lugar de a los colosales intermediarios que sufrimos hoy en día. Si otros estudios ven que hacer un trabajo de calidad puede ser bien remunerado por sus seguidores sin tener que someterse a contratos extenuantes y prácticas corporativas detestables el resultado nos beneficiaría a todos.
Les deseo el mejor de los éxitos en Double Fine. Ya veremos qué les depara el siguiente capítulo de ésta historia.



