Egipto. El nuevo destino al que muchos alcanzamos a aferrarnos apenas con las uñas, tras una pesada jornada en la que terminaríamos todos los pendientes necesarios para poder salir del reino y despegarnos de la incómoda familiaridad de una escuela que día a día se antoja más irreal. El mítico país nos aguardaba para mostrarnos que a las riveras del Nilo hay mucho más que tres monumentales tumbas triangulares.
Nuestra primera escala fué Cairo. Una ciudad cuya peculiaridad más grande no me pareció que fuera el alojar a veinte millones de habitantes, sino la posibilidad de ver entre sus edificios las siluetas de las imponentes pirámides. Ecléctico es una palabra que queda sumamente corta a la hora de contrastar en el mismo paisaje unos edificios departamentales y un highway de varios desniveles con construcciones de 4000 años de antigüedad. No se cómo es que los locales se pueden acostumbrar a vivir con ese paisaje, pero pensándolo bien, la gente se acostumbra casi a cualquier cosa.

Y es precisamente la gente uno de los sabores distintos que Egipto tiene con respecto del resto del medio oriente. Son muy amistosos, escandalosos y futboleros (fué una tragedia nacional no clasificar al mundial). Los mayores muestran un sentido de pertenencia y respeto por las tradiciones impresionante, mientras que los jóvenes se pierden en el mar de la moda, los antros y los malls…los desdichados malls. Tienen la capacidad de burlarse de todo, incluso de sí mismos. Podría decirse que Egipto es el México de medio oriente (probablemente es por eso que muchos de nuestros mejores amigos aquí son egipcios).
Ya avanzado el primer día tuvimos la oportunidad de conocer ese pequeño rincón que, tal como en latino américa, funge como la muestra más fiel de cualquier pueblo: el mercado. Ésto no sin antes participar en un choque en los taxis que nos llevaban, pues como buenos árabes manejan de la manera más horrible posible. Hana-Halili es el nombre del comercio de artesanías más importante de la capital, donde nos dirigimos para comprar los recuerditos correspondientes y de paso practicar el deporte extremo por excelencia en Egipto, mejor conocido como regateo. Se que muy probablemente ustedes queridos lectores han sugerido una rebaja de precio por tal o cual circunstancia o incluso se han visto involucrados en una pequeña discusión por un precio que les parece un poco alto, pero aquí es una cosa completamente diferente. En Egipto se regatea por diversión. Intercambiar cualquier frase con un vendedor o poner la mirada en alguna pieza por más de dos segundos invariablemente te llevará a 10 minutos de discutir su calidad, precio y el porqué no la quieres. Te agobian, te persiguen, te hablan en un español terroríficamente fluido. Te arrojan la mercancía junto con un precio que es de 5 a 10 veces el valor real y esperan tu respuesta. Si realmente quieres algo lo último que debes hacer es aceptar la primera oferta. Para triunfar hay que mostrarse desinteresado, pobre y con prisa. Fue un fenómeno que comenzó a manifestarse ahí, pero que se repitió puntualmente en todos y cada uno de los destinos turísticos de nuestra visita y que al final de la semana dominamos con maestría, al punto de preguntar por cosas que no queríamos sólo para ver quién obtenía un precio más bajo.

A pesar de todo ésto, salta a la vista que Egipto es un país orientado a los turistas. Y como no, si es el segundo ingreso más importante del país. Tal como lo mencionaba, los comerciantes de casi cualquier puesto de figuritas y demás chácharas hablan unos 4 o 5 idiomas lo suficientemente bien para entablar una conversación básica y convencerte de comprar. Uno de ellos nos dijo de memoria la alineación de la selección mexicana. Están obsesionados en que te guste lo que ves, en que gastes, en que vuelvas. Muchos de ellos talvez no lo valoren de la manera adecuada ni por las mejores razones, pero saben que son poseedores de un patrimonio majestuoso e innegable.
Nuestro guía, sin embargo, era un caso aparte. ¿Pueden imaginarse cómo habla español un árabe cuya segunda lengua es el portugués? Esa era una de las múltiples gracias que el asombroso y mágico Tío Samuel llevaba bajo la manga. Había servido en la embajada brasileña por 4 años y viajado al país carioca en más de una ocasión al servicio del departamento de relaciones exteriores, después de terminar su maestría en historia egipcia. Aprendió español tiempo después en algun instituto cultural de Cairo cuyo nombre no recuerdo y desde hace 14 años se dedica a exponerle su país a un mundo que lo visita en forma de turistas ibéricos y latinoamericanos. Ni siquiera habíamos pasado del estrechón de manos cuando el ya nos llamó “familia” y asi continuamos siendo la familia de Samuel por una muy loca semana. Con su calmada voz, su alegre semblante y su simpático portuñol nos llevó de la mano a través de miles de años de historias, templos, guerras y deidades bizarras, con la dosis de exageración y creatividad que a ningún egiptólogo puede hacerle falta. Gracias a él aprendimos que, a pesar de haber sido una civilización sumamente poderosa, Egipto ha sido conquistado por extranjeros en 12 ocasiones distintas siendo la última los ingleses y la más influyente (y devastadora) los árabes. Al final le tomamos tanto cariño que lo que yo creo comenzó como un ardid mercadotécnico de lo más básico terminó siendo una agradable verdad: éramos una gran familia. No creo que alguna vez leas esto, pero… Te queremos Tio Samuel!!
Asi transcurrió el primer día y nos fuimos a la cama con la espectativa de conocer a la mañana siguiente el motivo por el que el 99% del mundo occidental quiere ir a Egipto. Después de haberlas visto tan cerca, no podíamos pasar sin pagarles una visita a las asombrosas pirámides de Giza.
De nueva cuenta tenemos vacaciones por la “Eid”. Ésta es la segunda versión, o la “Eid del sacrificio” como algunos la llaman por acá, donde los musulmanes aprovechan para ir con sus seres queridos y estar reunidos en reflexión y oración (o al menos ese es el concepto, pero como en todos lados cada uno hace lo que bien le parece). Y como siempre, los mexicanos y otros tantos estudiantes más aprovechamos para escapar salir del reino del revés de Arabia Saudita a tierras más normales de ideologías menos distintas. Unos van a Jordania, otros a Iran, otros a quién sabe donde. Un servidor y un grupo importante de mexicanos, con el favor de Dios, se dirige a una de las cunas de la civilización: Masr (o Egipto como lo conocemos en el occidente)
Serán nueve días en los que podremos olvidarnos del pesado ritmo de KAUST y relajarnos conociendo algunas de las maravillas del mundo antiguo. Como la ocasión pasada, espero traerles nuevos relatos de mis piñaventuras en ésta mítica tierra hasta que regrese, puesto que no me llevaré la lap y no habrá post todo ese tiempo (aunque la última semana no podemos decir que fué la más poblada de entradas tampoco). Ma salama, Eid mubarak!!
PD – Petra y las pirámides están MUCHO más lejos entre sí de lo que Transformers hace parecer. Una más de las muestras de la distorsionada y cómoda visión que gran parte de los gringos tiene del mundo.
“La ciudad de los mosaicos”. Una comunidad enclavada en el valle del jordán aparentemente insignifcante pero con más de un factor que la hace relucir por arriba de cualquier pueblucho desértico de la región. Para comenzar, no son sólo los orgullosos poseedores del mapa más antiguo del medio oriente… son los orgullosos poseedores del mapa más antiguo del medio oriente hecho en mosaicos:

El mapa en cuestion, que a mi gusto es la epítome de la exageración del arte del imperio bizantino
Dicho mapa se encuentra resguardado dentro de la iglesia de San Jorge, en el centro del pueblo…
- Lector sorprendido interrumpe – Espera… ¿dijiste San Jorge? ¿Y los musulmanes y esas cosas?
Así es mi querido lector. una iglesia católica en pleno medio oriente. Si prestan atención a los detalles recordarán que el gobierno de Jordania no es teocrático, por lo que la libertad de culto existe como garantía individual para sus habitantes. De hecho, Madaba es una comunidad compuesta casi por completo por cristianos, lo cual le da otro punto a la hora de saltar del terreno de la mediocridad hacia la relevancia.

La iglesia de San Jorge en todo su esplendor
Y como siempre no puede faltar el souvenir para la tía y la comadre, que en este caso son más mosaicos. Estoy seguro que al magnánime emperador Constantino le daría mucha pena ver la huella de su imperio reducida a pescaditos y camellos hechos en mosaicos de a 2 dinares la pieza, pero para el alegre turista es un vestigio más que suficiente de su visita a ésta singular localidad.
Después de unas horas y un sandwich partimos de Madaba con otra sorpresa en la bolsa y uno que otro mosaico, hacia uno de los destinos más impactantes a nivel simbólico que he visitado en mi vida y del cual hablaré en el siguiente post. Stay tuned!!
Una vez aceptado el hecho de que estábamos en un mundo muy diferente, llegó otro shock que en lo personal fué de gran magnitud y muy agradable: Jordania es el nombre que ahora tienen los valles, ríos y montañas donde gran parte de la historia bíblica se desarrolló. Eventos claves de lo que había leído por primera vez hace ya tantos años cobraban vida delante nuestro a cada paso en la jornada del segundo día, que comenzaba en el Monte Nebo.
Sin mucha fama, el nombre de éste lugar por sí sólo no hará eco en el oído de los lectores. Pero, ¿que tal si les dijera que es el monte desde el que Moisés vió la tierra prometida antes de morir?

El valle del Jordan
Ahi estaba. Del otro lado del río que apenas alcanza a divisarse en el paisaje están Jericó, Belém y Jerusalem, erguidas, derribadas y vueltas a construir, viendo pasar el tiempo de los jueces, los reyes, los imperios y las guerras. Es precisamente el momento en que me entero que el río Jordan sirve de frontera entre el mundo árabe e Israel, con un poder simbólico que los años inutilmente tratarán que quitar.
En la cima del monte Nebo están las ruinas de una iglesia construida por los franciscanos. De hecho el monte completo es de su propiedad, por lo que me extraña que el sitio en cuestión no esté ampliamente comercializado como suele suceder. Es agradable ver que es un lugar sencillo, donde un enorme peso histórico se posa delicadamente como cualquier ave de paso sobre las viejas ruinas de un monasterio, una tienda que hace las veces de museo, una escultura en honor a la mítica serpiente de bronce, un amable y viejo guía (que nos cobró 20 dinares) y una tumba que nunca apareció. Los restos de Moisés siguen perdidos hasta la fecha, sepultados bajo el monte en algun rincón desconocido.

"La serpiente de bronce"
Y tal como lo hiciera el pueblo judío hace miles de años dejamos atrás a Moisés y su monte, con la esperanza de que aún mejores cosas vienen en camino. Hacia la tierra prometida.
Bienvenidos a la capital de las tierras del otro rey Abdullah. Amman fué nuestra primera escala en Jordania, nuestra base de operaciones y ventana a un medio oriente muy distinto al que conocíamos.

Downtown en Amman, desde el cuarto del hostal
Jordania, a diferencia del irreal simpático reino donde vivimos, no tiene un gobierno teocrático. La religión oficial sigue siendo el Islam, pero no son las enseñanzas de Mohammed las que dictan las leyes allí. Por lo tanto, a la gente se le tiene permitido hacer y deshacer lo que bien le venga en gana (dentro de lo razonable) y la sutil pero constante presión por pensar que a la vuelta de la esquina podrías hacer algo que merite perder un brazo desaparece por completo. Se siente genial!
Nos hospedamos en un hostal que comenzó como una propuesta muy atractiva y barata, convirtiendose en una efímera decepción para terminar siendo una experiencia sumamente divertida. Las personas que ahí trabajaban eran de lo más amables y a la vez extrañas, reuniendo el elenco del freakshow más amistoso que jamás he visto.Ampliamente recomendable.

Abassi Palace, hogar de Madame Sassú y su Freakshow
Ammán es comparable a cualquier ciudad mediana tirándole a grande en México (Chihuahua podría ser una aproximación aceptable). Con sus barrios bajos y altos, su clima mucho menos bochornoso, su centro lleno de tiendas de artesanías y sus malls al estilo occidental la familiaridad volvió al ambiente, salvo por las claras excepciones del idioma y la moneda. Los dinares jordanos son prácticamente equivalentes a los euros pero se van como el agua, lo cual eleva el costo del diario vivir a niveles que su población no aparenta alcanzar fácilmente. Gracias a nuestro padrino mágico -el rey Abdullah original- pudimos superar dicha prueba un tanto malheridos pero triunfantes.
De entrada, Jordania nos despertó a una realidad extraña. En la acertadas palabras de uno de los chavos: se puede ser musulmán sin ser tan raro. Tomada fuera de contexto la frase suena terriblemente intolerante, pero resulta perfectamente justificable cuando se toma en cuenta que nuestro primer contacto con el mundo islámico fué Arabia Saudita, el reino más restrictivo y recalcitrante al respecto de sus reglas y su religión. Es precisamente la gente del medio oriente quien etiqueta al reino de la familia Saudi como un lugar para ser rico y viejo y descansar, pues prácticamente no hay más que hacer. En cambio, en Jordania florecen mucho más la cultura y la conciencia global. Está lleno de destinos interesantes, cargados de significado y esplendor, que gracias a Dios pudimos visitar y que serán el tema de los siguientes posts. Manténganse en sintonía!!