Otro de esos lugares llenos de celebridades. Pasearse por la Grecia continental es encontrarse con la historia cara a cara, rotunda e innegablemente. La region del peloponeso está sembrada de todo tipo de centro arqueológico, de cualquier era y estilo que pueda pedirse. De cuando le pedían prestada inspiración a los egipcios y la escultura “estática” dominaba el top ten del billboard cultural. De cuando se hicieron populares cada uno de esos diseños de capiteles que todos recordamos de la primaria (seguro que en la cabeza de muchos de ustedes aún tendrán sentido los nombres dórico, jónico y corintio). De el momento clave en que el arte cobró movimiento y el estándar de belleza (que aún rige) fué definido. Es por eso que recorrerla ha sido uno de los viajes más ilustrativos y entretenidos que he tenido.
El recorrido empezó en Corinto. Esa famosa ciudad para aquellos que leen la biblia de manera cotidiana, pues las cartas del Apóstol Pablo a los Corintios es uno de los más notables libros del nuevo testamento. Fué ahí donde me “calló el veinte” y pude darme cuenta que si bien Jordania era ese país por el que gran parte del antiguo testamento ocurrió, Grecia era ni más ni menos que el patio misionero de Pablo, Bernabé, Silas y tanto otro apóstol de la joven iglesia cristiana. No seguiría sus pasos de manera muy fiel, pero alguno que otro destino si compartimos con aquél siervo de Dios.
En Corinto no hubo una gran parada turística pues hoy en día es sólo una pequeña y pintoresca ciudad de la provincia de Argolis, cuya principal atracción es el enorme canal que atraviesa al poblado y permite el paso de embarcaciones de muy buen tamaño desde el golfo de Corinto hasta el Mar Egeo. Una desvelada de proporciones cataclísmicas tampoco ayudó y una visita de por sí breve se tornó para nuestra percepción en un ínfimo instante de asombro y dolor simultáneos.
Tras dos horas más de camino y una buena siesta llegamos al primer paradero arqueológico: El teatro de Epidaurus. Casi podían sentirse los nervios de alguna antigua compañía que presentara “Antígona” o “Edipo Rey”. Un gran escenario en medio del bosque que seguro atraería a propios y extraños al encantamiento histriónico en el auge de la época griega y aún de la romana, pues la instalación siguió funcionando por varios cientos de años.
En Nafplio apenas y tuvimos conciencia de lo que pasó. Unos 20 minutos para relajarse, salirse del autobús y estirar las piernas, mientras que un simpático puertecillo nos saludaba y una solemne fortificación medieval nos miraba desde lo alto de la colina. Ese día no las estaba cobrando caras y no veíamos el momento de regresar a dormitar un par de horas hasta que nuestro próximo destino se hiciera presente.
A sólo una parada de llegar a Olimpia, la tumba de Agamenón irónicamente pareció devolvernos la vida. En medio de la visita la lluvia nos tomó por sorpresa y tuvimos que correr para conocer el último paradero del famoso rey que emprendiera aquella mítica guerra contra Troya tan sólo por despecho (según lo cuenta la mitología, claro está). Micenas era el nombre de la ciudad y su papel como antecedente de lo que ahora conocemos como cultura griega es sobresaliente. Primitiva y rudimentaria, la polis sembrada en medio de los montes fué uno de los primeros intentos exitosos por establecer una civilización con identidad propia. Algunos prestaron sus paraguas, otros corrieron a la aventura y otros pocos ni siquiera se molestaron. Uno de esos aguaceros espanta tontos que nos sirvió de pretexto para entablar conversación con los demás integrantes del tour -en su mayoría, adultos y ancianos españoles retirados- y para comprar en cuanto pudimos unos paraguas de 5 euros que jamás volveríamos a usar (al menos no justificadamente).
En medio de nuestra travesía, casi inmediatamente después de cruzar la puerta de los leones, dejó de llover. Así empapados y divertidos, corrimos cuesta arriba hasta llegar al tope de la ciudad. Después de sentirnos Agamenón por unos minutos y niños de cinco años por otros tantos, volvimos al camión. Nos esperaba una fresca alberca y un hotel que superó nuestras espectativas con creces. En la noche, una visita a la pequeña y moderna versión de Olimpia nos presentó a más de un personaje bizarro. En el próximo post, nuestro encuentro con uno de ellos.




