Back to basics

Hace un buen tiempo ya -más del que me gustaría aceptar- que me uní al honorable cuerpo de guías del museo de ciencia y tecnología de la ciudad. Mi primer empleo, siendo ya todo un bachiller, se sentía tan natural y divertido que apenas y lo recuerdo como trabajo. Con ésto de que me gusta inaugurar cosas locas, fui parte de la primera generación de guías para un ambicioso centro educativo del estado con los beneficios (y peligros) que ésto conlleva. Ahí, durante casi un año, tuve la oportunidad de explicar las “instalaciones” de las secciones de astronomía y física. Ante un público itinerante expuse una y otra y otra vez las maravillas del universo y dentro del planetario hablé de las constelaciones hasta estar harto del sonido de mi propia voz. Cuando entré a la universidad los planetas no se alinearon los horarios no fueron conciliables y me vi orillado a dejar el museo.

Haciendo fast forward hasta enero del 2011, nos encontramos en Cancún. No sólo por vacaciones, pues la conferencia de la IEEE acerca de micro y nanotecnología se llevaría a cabo en la paradisíaca sede y yo estaría dando la cara por nuestro equipo de investigación de KAUST al presentar el trabajo de un año en forma de poster. Algún que otro nervio natural se hizo presente, pero después de observar la primer sesión de pósters (que tomó lugar el lunes) era notorio que la cosa era menos “explicación formal y detallada” y más “plática casual con gente que se interesa en algún aspecto de tu proyecto”. Ese martes volví a mis zapatos de guía y, contrario a lo que vaticiné, las visitas no se hicieron esperar. Algunas de ellas tuvieron unas muy cortas pero memorables apariciones que me permitiré relatar a continuación.

  • Una simpática mujer rubia de unos 40-45 años se acerca con suma familiaridad al póster, como si ella lo hubiera diseñado, impreso y pegado en su stand. Después de escuchar la explicación en medio de la cual me encontraba se acerco y me dijo en un tono amistoso pero desbordante de autoridad: “Ya leí todo su paper y estoy bastante enterada de lo que trata el proyecto. Se que su diseño funciona así y asá y me pareció bastante ingenioso. Lo único que te voy a pedir es que por favor me mandes ésta imagen (señalando sobre el poster) porque voy a incluir su investigación como material de mi clase y en ningún momento en tu reporte indicaste cómo es la placa de electrodos que usaron. Aquí está mi tarjeta” La mujer se identificó como la Dra. Wallrabe, de la universidad de Freiburg en Alemania. Una semana después me envió la presentación que utilizó en su clase, señalando claramente el lugar donde puso la imagen que le “faltaba”.
  • Los japoneses vienen del futuro. Creo que eso ya había quedado claro. Vienen del futuro a enseñarnos como será la vida en aquellos tiempos. Es por eso que a algo que suena tan futurístico como una “convención de micro y nanotecnología” no podrían faltar. Por montones. Es algo que se agradece, pues empecé a pensar que los chinos tenían monopolio en esta clase de cosas dada la elevada cantidad de personal perteneciente a esa nación en los laboratorios de la escuela. Lo curioso es que gracias a su escueto e inescrutable inglés, muchas veces los japoneses (y asíaticos en general) parecen mucho menos listos de lo que realmente son ante el ojo no entrenado. Uno de ellos, professor de la Universidad de Tokyo, se acercó a mi exposición bastante interesado. Siempre es gratificante que alguien se entusiasme por tu trabajo, pero ver a un japonés es un espectáculo completamente distinto. Los “ooohhhhh” y “ahhhh” que emitía a lo largo de la presentación sólo lograron que esos 10 minutos fueran aún más divertidos. A la media hora volvió con un joven a su lado y con la voz más miyaguesca que puedan imaginar me explicó: “El es mi discípulo, y mañana presentará un microrobot con una idea muy similar a la suya”. El joven  de actitud muy sencilla y afable extendió su mano y se presentó como Yoshi (si, Yoshi). Resulta que el presentaría en la sesión plenaria y no sólo un póster, por lo que debe dilucidarse que su investigación era de gran relevancia. Y si no lo era, vaya que sonaba a que sí: propulsarían al microrobot usando tejido de corazón de insecto. Ambos se despidieron muy contentos y no los volví a ver sino hasta el día siguiente en el que Yoshi tomaría el estrado.

Uno de los posters de la Universidad de Tokyo, ilustrados con personajes estilo manga

  • Era aproximadamente la mitad de la sesión. Un grupo de personas se había colocado ya frente al poster mientras las explicaciones y preguntas surcaban el aire. Un hombre alto de cabello completamente cano se mostraba más entusiasta que ningún otro de los participantes, pero no hacía muchas preguntas. Sólo se veía muy contento al oír el principio bajo el cual funciona nuestro proyecto y las propuestas que nuestro equipo arrojaba. Al “teminar” esa ronda de explicaciones tomó la palabra, con una honesta sonrisa en su rostro: “Sabes, un colega y yo hace poco más de 20 años creamos ese principio de operación. Me da mucho gusto ver que hay gente joven dándole nuevos giros a nuestra investigación”. En ese instante me contagió un poco de su alegría. Se despidió con una última encomienda: “Sólo asegúrate de encontrarle una buena aplicación, esa fue siempre nuestra mayor dificultad”. En mi humilde opinión, por más bello que sea un principio científico carece de vida si no puede encontrársele utilidad en la realidad. Creo que ese hombre comparte mi perspectiva.

Ese día fué el que transcurrió con mayor rapidez de entre todos los de la semana de conferencia. Bien valió la pena repetir la misma cantaleta (en versiones ligeramente disímiles) más de 20 veces y el ligero cansancio de estar parado junto al poster durante toda la sesión. Otra de esas experiencias muy sui generis en las que Dios me ha permitido estar y por las cuales le estoy muy agradecido.

La próxima vez que vaya a Chihuahua consideraré hacerles una visita en el museo. Seguro ya no hay nadie de mi generación, pero eso no le impedirá a mi nostálgico cerebro pasarse un buen rato.

El peloponeso, y más que eso

Otro de esos lugares llenos de celebridades. Pasearse por la Grecia continental es encontrarse con la historia cara a cara, rotunda e innegablemente. La region del peloponeso está sembrada de todo tipo de centro arqueológico, de cualquier era y estilo que pueda pedirse. De cuando le pedían prestada inspiración a los egipcios y la escultura “estática” dominaba el top ten del billboard cultural. De cuando se hicieron populares cada uno de esos diseños de capiteles que todos recordamos de la primaria (seguro que en la cabeza de muchos de ustedes aún tendrán sentido los nombres dórico, jónico y corintio). De el momento clave en que el arte cobró movimiento y el estándar de belleza (que aún rige) fué definido. Es por eso que recorrerla ha sido uno de los viajes más ilustrativos y entretenidos que he tenido.

peloponeso

El Peloponeso

El recorrido empezó en Corinto. Esa famosa ciudad para aquellos que leen la biblia de manera cotidiana, pues las cartas del Apóstol Pablo a los Corintios es uno de los más notables libros del nuevo testamento. Fué ahí donde me “calló el veinte” y pude darme cuenta que si bien Jordania era ese país por el que gran parte del antiguo testamento ocurrió, Grecia era ni más ni menos que el patio misionero de Pablo, Bernabé, Silas y tanto otro apóstol de la joven iglesia cristiana. No seguiría sus pasos de manera muy fiel, pero alguno que otro destino si compartimos con aquél siervo de Dios.

En Corinto no hubo una gran parada turística pues hoy en día es sólo una pequeña y pintoresca ciudad de la provincia de Argolis, cuya principal atracción es el enorme canal que atraviesa al poblado y permite el paso de embarcaciones de muy buen tamaño desde el golfo de Corinto hasta el Mar Egeo. Una desvelada de proporciones cataclísmicas tampoco ayudó y una visita de por sí breve se tornó para nuestra percepción en un ínfimo instante de asombro y dolor simultáneos.

Corinth canal

Tras dos horas más de camino y una buena siesta llegamos al primer paradero arqueológico: El teatro de Epidaurus. Casi podían sentirse los nervios de alguna antigua compañía que presentara “Antígona” o “Edipo Rey”. Un gran escenario en medio del bosque que seguro atraería a propios y extraños al encantamiento histriónico en el auge de la época griega y aún de la romana, pues la instalación siguió funcionando por varios cientos de años.

Teatro de Epidaurus

En Nafplio apenas y tuvimos conciencia de lo que pasó. Unos 20 minutos para relajarse, salirse del autobús y estirar las piernas, mientras que un simpático puertecillo nos saludaba y una solemne fortificación medieval nos miraba desde lo alto de la colina. Ese día no las estaba cobrando caras y no veíamos el momento de regresar a dormitar un par de horas hasta que nuestro próximo destino se hiciera presente.

A sólo una parada de llegar a Olimpia, la tumba de Agamenón irónicamente pareció devolvernos la vida. En medio de la visita la lluvia nos tomó por sorpresa y tuvimos que correr para conocer el último paradero del famoso rey que emprendiera aquella mítica guerra contra Troya tan sólo por despecho (según lo cuenta la mitología, claro está). Micenas era el nombre de la ciudad y su papel como antecedente de lo que ahora conocemos como cultura griega es sobresaliente. Primitiva y rudimentaria, la polis sembrada en medio de los montes fué uno de los primeros intentos exitosos por establecer una civilización con identidad propia. Algunos prestaron sus paraguas, otros corrieron a la aventura y otros pocos ni siquiera se molestaron. Uno de esos aguaceros espanta tontos que nos sirvió de pretexto para entablar conversación con los demás integrantes del tour -en su mayoría, adultos y ancianos españoles retirados- y para comprar en cuanto pudimos unos paraguas de 5 euros que jamás volveríamos a usar (al menos no justificadamente).

En medio de nuestra travesía, casi inmediatamente después de cruzar la puerta de los leones, dejó de llover. Así empapados y divertidos, corrimos cuesta arriba hasta llegar al tope de la ciudad. Después de sentirnos Agamenón por unos minutos y niños de cinco años por otros tantos, volvimos al camión. Nos esperaba una fresca alberca y un hotel que superó nuestras espectativas con creces. En la noche, una visita a la pequeña y moderna versión de Olimpia nos presentó a más de un personaje bizarro. En el próximo post, nuestro encuentro con uno de ellos.

Mario Galaxy 2 no se trata de nada

Soy un amante de las historias. Mis libros favoritos son las novelas y los cuentos y mientras más llenos estén de personajes complejos y tramas inteligentes son mejores a mi parecer. Series de televisión, películas y caricaturas son juzgadas por igual bajo éste criterio (por eso me pareció que Avatar era un hermoso churro mega-inflado). Y aunque no todas mis formas de entretenimiento predilectas serían dignas de premios al mejor guión, tiendo a fijarme siempre en el factor narrativo.

Creo que no necesito mencionar que lo mismo me pasa con los videojuegos. Aún en la época de los 8 bits, donde las justificaciones por las mil y un aventuras de nuestros héroes eran mínimas (o inexistentes en algunos casos), trataba de saber un poco más de ellos. Éste hecho nunca me detuvo de disfrutar como loco un Super Mario Bros 3 o un Contra, pero agradecí mucho que un Ninja Gaiden se presentara con una inovación de la época: los cinematics.

Es por eso que A Link to the Past y Super Mario RPG fueron un parteaguas para mí. Es por eso que en cuanto los descubrí, los RPG’s se volvieron mi género favorito. Es por eso que StarCraft se me hizo infinitamente superior a Age of Empires. Aún hay títulos que no he jugado pero cuyas historias me intrigan y conozco aunque no los haya acabado (como Resident Evil o Dead Space, porque soy un miedoso). En fin, que las buenas historias son un gran gancho para mí.

Ahora nos transportamos al 2007, donde Nintendo publica una obra maestra de juego. La tercera entrega de las aventuras propias de Mario en 3D (si, la tercera… cuéntele bien) hizo deleite de chicos y grandes y cerró con broche de oro un año que para el Wii había sido fantástico. Super Mario Galaxy llegaba como una reinvención del concepto de “juegos de plataforma”. Y vaya que lo logró.

Todos aquellos que lo jugaron recordarán que además del maravilloso gameplay, la magnífica banda sonora orquestada y los sorprendentes gráficos que exprimieron al Wii, el juego contaba dos historias. La cada vez menos creíble rivalidad de Bowser y Mario a mi parecer quedó de lado mientras descubría con gusto la que sería realmente la historia principal del juego: Rosalina y su observatorio estelar.

Para dar a conocer el origen de los personajes secundarios que éste título introdujo al sobrepoblado universo de Mario los desarrolladores presentaron de una manera elegante y sutil al diario de Rosalina. Un libro cuyas páginas irían reapareciendo conforme secciones del observatorio (y base de operaciones temporal de Mario) fueran reactivadas y que nos diría porqué ésta mujer y los curiosos lumas se encontraban circundando el universo. A través de bellas ilustraciones y diálogos sencillos   se desdoblaba frente a nosotros un relato cargado de sentimiento y mucho más complejo que lo que cualquiera esperaría de un juego del plomero más conocido del mundo. Fué una adición pequeña, pero con gran significado para mi y seguramente para muchos jugadores allá afuera. Después del buen sabor de boca que un juego tan completo te puede dejar, nos despedimos de Rosalina y sus simpáticos amigos sin saber cuando volveríamos a verlos.

No pasó mucho tiempo para eso. Hace tan sólo un mes la casa del señor Iwata lanzó Super Mario Galaxy 2, con la promesa de que superaría en todo aspecto al original. Una revisión con nuevos poderes, mejores retos en los planetas, soundtrack y gráficos a la altura y la adición de un viejo conocido logró superar una prueba que muchos creímos imposible y mucho más que eso, posicionándose claramente como uno de los candidatos fuertes a mejor juego del año en cuanto sitio y organización de internet que haga este tipo de evaluaciones. Nintendo lo volvía a hacer.

Sin embargo, la historia fué reducida a los elementos más básicos, presentes desde Super Mario Bros. para el NES: Bowser secuestra a la princesa, Mario pasa un montón de mundos hasta que la rescata. Hay varios enfrentamientos con la tortuga superdesarrollada y su hijo, pero nada argumentalmente elevado más allá del “me derrotaste, pero no vas ni a la mitad del juego así que sabes que ésto no es definitivo”. Para efectos de jugabilidad funciona a la perfección, pero en lo que respecta a la trama Mario Galaxy 2 es nulo. Hay explicaciones del porqué tienes que recuperar las estrellas e incluso una simpática nave estellar en forma de la cabeza de Mario, pero todo es meramente un trámite para hacerte pasar mundos. Mundos que no me importaría pasar sin explicación alguna pues son muy entretenidos.

Antes de que termine de contradecirme, quiero presentarles otro caso: Metal Gear Solid 4. Acreedor del título antes mencionado en un sinfín de publicaciones especializadas del medio en el 2008, éste juego lo tenía todo. Gráficos alucinantes, música de altísimo nivel, jugabilidad impecable. Pero además de todo eso, un argumento rico y complejo con muy buenas actuaciones que cualquier producción de hollywood envidiaría. Casi dos horas de animación añadidas al juego culminan una de las sagas más reconocidas de la industria con maestría y le añaden un valor extra que lo diferencía por años luz de esos clásicos juegos “mata mata” que inundan los anaqueles.

Quedando claro que ambos son grandes juegos, ¿podría señalarse a uno de los dos como mejor o peor que el otro por falta de historia? Compararlos directamente sería inútil, pues las bases son para empezar completamente distintas. Metal Gear seguramente desesperará a muchos jugadores que no están acostumbrados a moverse sigilosamente y usar las más discretas y letales tácticas de espionage, mientras que casi puedo apostar que CUALQUIER jugador encontraría a Super Mario Galaxy 2 encantador (lo he probado incluso con gente que no ha tocado una consola desde el Super Nintendo). Simplemente una de las eternas preguntas de la industria: ¿Dónde radica el mérito de un videojuego?

Para empezar siquiera a tratar de contestar ésto, una pregunta se alza casi inmediata e involuntariamente: ¿realmente se necesitan las historias? Llamo al estrado a mi siguiente testigo: Portal. Sin duda poseedor de una de las más originales y entretenidas mecánicas de juego de los años recientes, Portal pudo haber quedado tan sólo como una demo técnica, asombrosa pero intrascendente, de no haber sido por su historia. Lo que lo convirtió en un título de culto fué en gran parte la comicidad sádica del personaje antagonista, GladOS, y la atmósfera intranquila que con una buena cantidad de pequeños detalles la gente de Valve dotó a éste juego. El gameplay lo hizo un gran juego, la historia lo hizo un ícono. Pero la historia por sí sola no habría llegado tan lejos.

Por el otro lado tenemos a aquellos a quienes son los factores lúdicos los que los han convertido en referencias de sus géneros. Tanto Gears of War, Halo y God of War son nombres que todos hemos escuchado y que han sido laureados a su vez por su gran valor de jugabilidad, sus pulidos detalles y las inovaciónes tanto técnicas como jugables que representaron. No obstante, poseen unos tremendos guiones de película ochentera serie-B tan predecibles como Duro de Matar, donde lo único que tienes que hacer es aniquilar a cuanta cosa se te ponga enfrente por el lapso de unas 6 a 10 horas. Lamento aceptarlo, pero también éstos juegos me gustan mucho. Y no soy el único, pues se han constituido en verdaderos éxitos comerciales, con tres secuelas sobre la historia original y -exceptuando Gears – uno que otro spin-off. El dinero de los consumidores apunta hacia direcciones claras y aún cuando sus tramas sean menos complejas que lo que puede entender un niño de 5 años no se les puede despojar de todo mérito artístico. El diseño de personajes y ambientes, la música y estilo gráfico de todos esos juegos los hizo destacar por encima del montón.

Es cierto, para divertirse no se necesita una historia. Es algo que Nintendo sabe muy bien y que sin duda ha tomado como uno de sus estandartes para la batalla de la generación actual de consolas (y aún mucho antes). Sin embargo, un medio en pleno proceso de maduración como lo es el de los videojuegos (cuyo tamaño llegará este año al doble de la industria musical) no puede relegarse a una narrativa incipiente para siempre. No pido que todos los juegos estén llenos de drama y giros inesperados, eso sería fastidioso y monótono. Pero sin duda debe de haber una especie de evolución en ese sentido. Es como si el cine, que admiró a todo el mundo en su nacimiento mostrando esas increíbles “imágenes que se mueven” de digamos un señor bailando, siguiera mostrando sólo señores bailando en cada vez mejores resoluciones y mayor cantidad de cuadros por segundo gracias al poder de la tecnología. En una carrera que parecía olvidarse de la diversión en aras del poder técnico, Nintendo salió al quite y ahora todos han dado una vuelta al timón. Ahora fálta quien imprima velocidad en éste otro frente y con ejemplos como Braid y Heavy Rain, los cuales han tenido una muy buena acogida por el público, sabemos que esos quienes existen.

Y si. Muy a mi pesar, para ser uno de los mejores juegos de ésta generación, Super Mario Galaxy 2 definitivamente no necesita tratarse acerca de nada.

Around the world in 80 days

Puedo seguirles platicando de nuestras aventuras místicas alrededor del mundo… o puedo dejar que el siguiente video hable por mí:

Ok, algo de background:

5 de los chavos que fuimos enviados al congreso de robótica logramos hacer el extenuante e increíble viaje, del cual ya les he hablado, desde el principio. Ellos y yo somos los que aparecen en el video, conmemorando que logramos dar técnicamente una vuelta a nuestro querido mundo en unos cuantos días y que sobrevivimos de alguna manera a los desvelos, trasbordes, turisteadas, templos, metros, chicas anime, comidas chatarra, cambios de horario y maletas llenas de souvenirs. Aunque fué sumamente cansado, tenemos recuerdos y experiencias maravillosas que estoy muy feliz de haber vivido junto con estos muchachones y que quisimos compartir, siquiera en una pequeña medida, a través de éste video.

El viaje en el tiempo:

Un detalle interesante, que pudieron notar si estaban poniendo atención, es el hecho de que Tokyo y Seattle sucedieron en el mismo momento. Ésto dista completamente de ser un error, pues gracias a que atravesamos la línea internacional de cambio de fecha vivimos dos veces el mismo día, logrando hacer dos cosas distintas en lugares completamente diferentes a la misma hora y el mismo día.

Créditos:

Como pueden ver, el video no tiene créditos. Básicamente porque es bastante ridículo poner créditos de un minuto en un video de tres minutos y lo hace ver mucho más amateur de lo que ya es. A ésta desición llegué junto con David Castro, uno de los principales integrantes del proceso creativo que dió vida al video y también quien pierde su cartera y la recupera a través de un extraño portal espacial. El de la capa es David Conchouso, el que saluda a la torre de Tokyo es el buen Pepe Tavares, y el de la foto al buddha gigante es Arpys Arévalo. Pura gente chida y buenos amigos de por acá, la verdad.

A nuestro equipo se sumó Ehab Al Rawashdeh (el del video pasado) durante la etapa de producción y edición, la cual fué mucho más larga de lo planeado como suele suceder. 10 horas después de siquiera empezar a expulgar los videos teníamos nuestro pequeño clip terminado. Para editarlo usamos Adobe Premiere CS3, y como ninguno de nosotros es profesional de éstos asuntos eliminamos los cuadros que faltan de manera “manual” (supongo que alguno de ustedes sabrá hacerlo mejor, ahí luego me enseñan).

Y ya. Espero que les haya gustado. Por lo pronto, sigo debiéndoles un montón de cuentos que han quedado pendientes en el tintero (en el teclado??). Ahí irán saliendo, no se preocupen.

Entre el medio y el lejano oriente

Hoy día nos encontramos a la mitad de nuestro viaje mágico cómico y musical. Anchorage es la sede del congreso internacional de robótica y automatización de la IEEE (mítica institución ingenieril) y nuestra base de operaciones actual. Aunque más que base de operaciones resultó nuestro refugio, pues hasta el día de nuestro arrivo al continente americano todo había sido traqueteo y frenesí sin fin. A continuación, la breve reseña de la primera parte del viaje:

Doja, Qatar

El otro país rico del medio oriente que nadie conoce. Aquí sólo pudimos estar en el aeropuerto por las siguientes simples razones: Necesitamos visa para entrar. Es de las que se tramita y paga al llegar al país pero el otro factor, el poco tiempo que teníamos para trasbordar, no ayudó en tomar la desición de ingresar al país. Sumado a eso que la gente del aeropuerto nos dijo que no había nada que ver cerca y que sólo valía la pena si nos quedábamos al día siguiente le desición de no abandonar la terminal estuvo automáticamente tomada.

Lo gracioso de Qatar es que ellos si aprovechan su “arabicidad” para comerciar y crear incluso productos que la reflejen o la parodien en forma graciosa. Una gorra hecha de la tela de las gutras (turbantes) y una taza con forma de la cabeza de algún jeque medio-oriental son pruebas más que contundentes de que los qatarís se toman la vida con un poco más de humor que nuestros amigos saudis.

Hong Kong, China?

China tiene regiones administrativas especiales. No son estados de la república popular, sino entidades políticas independientes con embajadas y gobiernos que no terminan de ser tampoco un país completo. Hong Kong es un ejemplo de eso y aunque me arriesgue a ser llamado ignorante reconozco que no lo sabía hasta la semana pasada. Después del susto de creer que había perdido mi cartera (con mi visa norteamericana dentro) y de haberla recuperado nos dirigimos al famoso Nathan Road, en la región de Kowloon.

Para ser precisos, Hong Kong está dividido en tres secciones. Kowloon es la parte continental, donde se encontraba nuestro nada envidiable hostal donde por milagro cupimos 5 personas en un cuarto para dos. Las corretizas empezaron, pues en cuanto llegamos nos picó el mosquito de comprarnos una cámara fotográfica semiprofesional de una vez por todas. Los aparatos electrónicos tienden a ser más baratos allí que en muchos países (teniendo siempre que cuidarse de lo excesivamente barato, pues es muy fácil que te engañen como a un chino y caigas en las garras de la piratería) y la oportunidad parecía ser la correcta. El primer día nos lanzamos a la búsqueda de las cámaras, sin frutos más que la sed de investigar acerca de los modelos y sus ventajas y con unas buenas pinceladas de la version occidentalizada de China. Por más que me gustaría mostrarles esas imágenes, las fotos de Hong Kong se las voy a deber por lo pronto porque no tengo como pasarlas de mi cámara (de una de ellas al menos).

El segundo día empezo muy temprano y nos llevó a la isla de Lantau. Ese es el hogar de 3 importantes centros turísticos: el aeropuerto (de hecho por ahí fué que llegamos, y es nada menos que el aeropuerto más grande del mundo), disneylandia (si, también hay uno en Hong Kong) y el área de los templos budistas que cuenta con la estatua de Buda al aire libre más grande del mundo (esas fotos sí que merecen exposición, próximamente las subiré). En un extenuante recorrido realizado en su mayoría a pie y bajo la lluvia conocimos varios templos chinos y la mencionada estatua, que no dejó de impresionarnos ni un sólo momento. El regreso fué lo más divertido, pues un teleférico que cruza la montañosa isla nos  alzó a alturas insospechadas y através de las nubes que se formaron tan cerca de la tierra que por algunos momentos entraron a nuestro carro. Nuestros cansados pies se vieron obligados a soportar una nueva incursión a las tiendas de electrónicos, para no comprar nada áun. Después, de nuevo al hotel.

Macau, China.

Macau es la otra region administrativa especial. Si Hong Kong era la colonia inglesa del oriente, Macau era la portuguesa. Es por eso que los bizarros letreros en chino, inglés y portugués pululaban las calles y edificios públicos y nos confundían aún más de lo que ya estábamos.

Para llegar tomamos un ferry que tardó hora y media en hacer su recorrido. Ya en Macau nos enteramos de boca de Paulo, un curioso y un tanto perverso chino-portugués que se ofreció a darnos un tour por la ciudad a cambio de una cantidad no tan pequeña de dinero, que la atracción principal de la ciudad eran sus casinos. Un rápido ascenso a la torre de Macau, una enorme estructura que recordara a la space needle de Seattle, nos ayudó a ver que Las Vegas del oriente cuenta con las clásicas estructuras extravagantes y las secursales de los más famosos centros de juego como el MGM o el Venetian, el cual fue nuestra última parada en la isla después de un templo budista y una catedral quemada. Unos cuantos giros de las máquina tragamonedas y un delicioso caldo de res con noodles nos despidieron de Macau pocos minutos antes de tomar el ferry de regreso.

Hong Kong, China

El cuarto día fuimos a Hong Kong. De hecho, nunca habíamos pisado Hong Kong propiamente hasta ese día, a pesar de lo que el ojo no entrenado pueda creer. La ciudad de Hong Kong es más o menos como un New York en chino. Rascacielos imponentes y centros financieros regados por todas partes, conquistando el terreno que le pertenecía a la montaña hace centenas de años. Como muestra de su ostentosidad, los edificios localizados en la parte costera que da hacia Kowloon realizan un espectáculo musical de luces cada noche, halaganado la pupila de los visitantes. Uno de los participantes es el edificio donde Batman hiciera sus monerías en su más reciente aventura y capturara a un fraudulento contador chino.

Vagamos un rato por el centro y nos encontramos con las centrales de varios bancos importantes. Es curioso, pero en Hong Kong hay más de un emisor oficial de billetes y los dólares hongkonguenses emitidos por HSBC son diferentes a los de Standard Chartered y a los de otro banco cuyo nombre no recuerdo, aunque igual de válidos. Para finalizar nuestro recorrido tomamos un tranvía a la cima de la ciudad, donde una torre se alza como el mirador del vasto complejo urbano de la antigua colonia inglesa.

Antes de acabar un ajetreado día y recoger nuestras maletas del hostal volvimos a las tiendas de electrónicos. Ésta vez hicimos nuestras respectivas compras, y yo terminé con una Canon Rebel T2i que me ha estado divirtiendo a horrores y que me ha convertido en un artista de la fotografía casí por arte de magia. Bueno, no realmente, pero la calidad de las fotos que toma esta cosa es impresionante. Ya las verán pronto cuando hable de la siguiente parte del viaje, la cual comienza en un lugar simplemente mágico: Tokyo.