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KAUST: El Concierto

Después de unas vacaciones auto inflingidas, sorpresivas e involuntarias, vuelvo al blog para deleitarlos con las mil y una piñaventuras que vivo por acá. Para ustedes mi fieles lectores, la siguiente entrada:

A juzgar por el título, talvez pensarán que ést0 es el preámbulo de un reality show barato de esos a los que la televisión moderna nos tiene tristemente acostumbrados. Y sin embargo, el guión de ésta historia es tan bizarro y cómico que pareciera sacado de uno de los anteriormente mencionados bodrios del entretenimiento.

Todo comienza teniendo en cuenta el background: Ya antes habíamos tenido un concierto, el cual fué un escándalo total por la poca prudencia de los que eligieron hacerlo muy cerca de la mesquita principal del campus en horas de oración en pleno Ramadán. Reconocerán una combinación explosiva si saben un poco al respecto. Por lo mismo, las presentaciónes en vivo fueron prácticamente aniquiladas (la gravedad del asunto se sintió más fuerte como para sólo decir “canceladas”) y no se volvió a hablar del tema más que entre los círculos más selectos durante el semestre pasado. La sombra de una primera impresión fallida se cernía sobre nosotros, pero si algo nos caracteriza a los chicos KAUST es ser necios y aferrados, así que durante el período de invierno lo volvimos a intentar.

El artífice mayor detrás del plan fué el niño prodigio Erick Martin, cuyo blog es sumamente recomendable (un punto de vista gringo pero no por eso desmerecedor de la honorable institución en la que nos encontramos). Para el evento de bienvenida del semestre de primavera tendríamos un concierto con un invitado especial que hizo las delicias de nuestro enero del año pasado al ser el creador de una pieza musical tan curiosa como From Jeddah to LA (hip hop con algo de árabe, imperdible). Además, los estudiantes podríamos participar con nuestras propias bandas y rockear con los estudiantes como si no hubiera un mañana.

Sólo con los estudiantes, cualquier otro tipo de persona tenía el acceso estrictamente prohibido al recinto donde se realizara la fiesta, en el edificio de conferencias. No photos, no videos, no problemo. El hermetismo con que se llevó a cabo éste concierto nos da una clara muestra de que aún cuando KAUST trata de mostrarse “de nuestro lado” teme por la opinión pública de un reino que apenas y puede comprender el concepto de educación mixta. Como ya pudo darse cuenta el astuto lector, es por eso que en esta entrada no hay ni habrá fotos de lo que pasó ese día.

Aprovechando mi posición extraoficial en el campus como baterista comodín logré no sólo estar en una sino en dos bandas para la tocada. Esa noche sería una llena de mezclas en el siempre bizarro y entretenido mundo mágico de Hogwarts la universidad del rey Abdullah:

¿Cómo llamarían a una banda de mexicanos tocando una canción de Coldplay, versión tropical (véase Buena vista social club), con un instrumento medio-oriental? Yo no lo llamaría jazz fusión (no estamos ni un poquito cerca de llegar a tal grado) pero sin duda no es una mezcla común. Un bajista (angelín), un tecladista (xtho), una cantante (Samara) y un percusionista de cuarta es lo que bastó para armarse de valor y entonar frente a los aproximadamente 100 estudiantes que acudieron al llamado y que se mostraron encantados de tener algo en sus agendas que resaltara después de un ligeramente caótico periodo de conferencias y más conferencias aleatorias. Siguiendo fielmente el fenómeno del “pueblo chico…”, mejor conocido en la contemporaneidad como el efecto de Big Brother, el público respondió a las mil maravillas pues ver a algunos de tus colegas hacer algo completamente distinto dispara de inmediato el asombro y la algarabía. Así, tras un desempeño no tan envidiable (pero más que excelente para el poco tiempo que tuvimos de ensayo) nos bajamos al canto de OTRA, OTRA!! Bueno, se bajaron. Yo me quedé para el siguiente round.

En ésta ocasión la mezcla era de nacionalidades. Es más fácil saber que apelativo poner a una banda de rock alternativo integrada por un canadiense, un belga-americano, un jordano-americano, un alemán, dos filipinos, un palestino y un mexicano (yo le pondría el de chiste y esperaría la presencia del mítico Don Cacahuate o de perdida de Pepito). Respaldados por el encanto que produce un saxofón bien tocado y unos arreglos sencillos pero macizos puedo decir que esa interpretación también fué un éxito. Después de nuestro pequeño repertorio dejamos el escenario para darle paso a la estrella de la noche: Qusai y Jeddah Legends.

Ahí lo estrambótico estuvo en el concepto: ¿un rapero saudi que incluye árabe en sus letras? Algunos lo llamarían un mal viaje y yo no lo creería si no lo hubiera visto. Resulta que en un lugar con una doble moral tan marcada como Saudi el hip hop es un género muy favorecido y detrás de sus batas (thobes y abayas) se esconde el próximo Snoop Dog. Ahí escuchamos de nueva cuenta el éxito anteriormente mencionado (con sus adiciones pertinentes a la letra tales como “…from KAUST to LA…”) y otros más que desconocimos pero que hicimos nuestros siquiera por las dos horas que duró su participación.

Al final la gente se avalanzó sobre los pocos discos que Qusai llevó para vender, sobre el único vestigio de la noche en que olvidamos nuestra jaula de oro y nos transportamos a la versión más conservadora y tergiversada de Los Ángeles que el mundo ha visto. La noche que para muchos sería un parteaguas, la noche del concierto en KAUST.

Un cuento de navidad

[Mis honorables respetos a quienes decidan leer el post completo. Es MUY largo para ser entrada de blog y muy corto para pertenecer a las páginas de un libro, pero estoy casi seguro que les va a gustar pues puse mucho corazón en él. Espero con ésto resarcir un poco la escasez de entradas nuevas en la que mis mútiples viajes me han metido]

Como casi todas las buenas historias, ésta comienza en Paris. Hicimos escala en la ciudad luz para intentar hacer todo lo francés que se puede hacer en un sólo día (al menos los cuatro pequeños ingenuos del contingente que no conocíamos la bella capital). Desayunamos una baguette y visitamos Notre Dame. Tuvimos la maravillosa idea de atravesar un nevado Les Tulleries (fué ahí donde destruí mis pantalones, pues llevaba unos que me quedan largos y entre la nieve y las piedras no hubo compasión para con ellos) para llegar hasta el Louvre. Fué ahí donde la erradicación de la noción del tiempo que el reino ha impartido sobre nuestras mentes hizo su terrible efecto: para nuestra sorpresa era martes y ese es precisamente el día en que el afamado centro cultural no abre sus puertas. Le dijimos adiós a la pirámide de cristal y nos dirigimos un tanto desilusionados a la casa del impresionismo, el museo D´Orsay. Unas dos horas pasamos entre el autoretrato de Van Gogh, las bailarinas de Degá y las catedrales de Monet antes de que nos diera hambre. Buscando algún buen brasserie nos encontramos con un lugar que por 10 euros nos sirvió un Kish de papas, un chocolát chaude y unas deliciosas crepas de crema de avellana. Al terminar, la plaza de la concordia era el siguiente destino.

Hace poco menos de un mes habíamos visitado Egipto y en Luxor, la bien llamada ciudad de los palacios, nos contaron una interesante historia. Allí donde el mismísimo Napoleón se maravillara ante los veinte siglos de historia que contemplaba a su ejército fuimos testigos de la admiración (culminada en muchas ocasiones con un hurto descarado) que los franceses tienen por la cultura. En un gesto diplomático pero ignorante el gobernador de Egipto regaló al pueblo francés uno de los obeliscos del templo de Karnak (el más grande centro de culto del antiguo Egipto), dejando tan sólo como evidencia la desfigurada base en la que originalmente se posaba el enorme monolito. Su nuevo hogar: la antesala de Champs Ellises. Un nuevo pilar le sostenía, con inscripciones en latín y diagramas al estilo jeroglífico del proceso de su traslado hasta ese punto. Después de corroborar la versión de nuestro guía egipcio nos dirigimos hacia el arco del triunfo, atravesando la afamada avenida.

El paseo de los campos elíseos debe ser muy bello en cualquier temporada, pero pocas han de ser las que superen cómo luce en vísperas de Navidad. Todas las imágenes estaban llenas de destellos, todos los árboles goteaban luz. En su afán por ser la ciudad más cosmopolita del mundo invitó a muchos países a hacer una muestra representativa en locales de lo más adornado. Ahí convivían las pashminas árabes con las cervezas alemanas, el chocolate suizo con las cobijas canadienses. Disfrutamos de un vaso de vino caliente con especias mientras nos asombraba un juguetero o nos cautivaba por efímeros instantes alguna de las chicas del puesto de crepas. Pasando la casa de Ópera la feria cedió paso a las grandes marcas y para cuando Cartier, Peugeot y MontBlanc se apoderaron del paisaje el arco del triunfo estaba a unos cuantos metros.

Imponente como siempre lo pintan, el homenaje al ejército del gran corso se hizo presente. Cruzamos el puente subterráneo que lleva a él y pudimos tocar una vez más un pedazo de historia con nuestras propias manos. Una escolta realizaba en su interior cierto evento marcial que no alcanzamos a decifrar, por lo que no le dimos la menor importancia y partimos pronto para alcanzar a ver la Torre Eiffel antes que llegara la hora en la que habríamos de reunirnos con el resto del grupo.

Encontrarnos con el coloso de acero fue espectacular. Lo vimos a lo lejos desde que llegamos al obelisco, pero una cosa muy diferente es estar al pie de la obra que lidereara Eiffel y que ahora sirve como punto más icónico de la metrópoli. Deslumbrados por la singular pieza de ingeniería y arte que ante nosotros estaba, nos ganó el impulso y decidimos tomar el elevador hasta la punta, culminando con eso nuestra “lista no-oficial de cosas parisinas que hacer si sólo dispones de 24 horas”. 24 horas, eso creíamos.
Después de cenar crepas flameadas en alguna crepería de St. Michelle nos retiramos al modesto hostal en que nos hospedábamos, ubicado en la plaza de la república. Un taxi nos recogería a las 10 de la mañana del día siguiente, 23 de diciembre, pues nuestro vuelo partía a la 1:40 y debíamos de llegar con suficiente tiempo para hacer el chequeo de maletas y el abordaje. Ni bien alcanzamos a desayunar un pain au chocolát cuando ya estábamos en Charles de Gaulle. La locura nos aguardaba allí, con sus garras bien afiladas.

Haciendo la fila discutíamos la posibilidad de darle al responsable en la taquilla todos nuestros pasaportes al mismo tiempo para que en la asignación de los asientos quedáramos juntos. Cual fué nuestra sorpresa cuando no dijo un altanero agente de Air France que quedaríamos separados no sólo por los asientos, sino por la mismísima posibilidad de volar ese mismo día. El vuelo se había sobrevendido debido a la nieve que unos días antes causó varios estragos en el programa del aeropuerto y los pasajeros de esos vuelos perdidos ahora llenaban el nuestro, dejando a sólo 3 de 14 de nosotros con asiento asegurado. Los demás fuimos asignados a una lista de espera, en caso de que los lugares no fueran ocupados en su totalidad. Sin ninguna garantía ni promesa más que la de volver a las 12:40 para saber que fue de nuestros lugares nos quedamos ahí esperando, aunque no por mucho tiempo. Al preguntarle por nuestro equipaje a otro agente (mucho más amable que el primero) nos indicó que aquellos que teníamos conexión a un vuelo posterior al que llegaba a la Ciudad de México teníamos más prioridad de ser elegidos, así que rápidamente nos guió a documentar las maletas a los 3 cuates de provincia que ahí nos encontrábamos y corrimos al chequeo de pasaportes para poder alcanzar la puerta de abordaje, después de los buenos deseos y los abrazos dados rápidamente (pero no por eso menos sentidos) a nuestros amigos del DF. Justo cuando estábamos cruzando nos acordamos: ¿Y Chava? El muchachito tapatío estaba haciendo fila en algún otro lugar y no se enteró de la oportunidad. Sin embargo, la velocidad sobrehumana que años de entrenamiento de basquetbol le han otorgado le permitió llegar con nosotros a la puerta una vez que le avisaron.

Inútilmente, pues los lugares nunca se abrieron. El abordaje se retrasó por dos horas que nos parecieron semanas, puesto que mas vuelos se encontraban en las mismas condiciones y aún no llegaban grupos importantes de personas que abordarían la nave de Air France, Uno a uno fueron arrivando y para los buenos chicos KAUST y demás habitantes de la lista de espera sólo hubo un “lo sentimos”. Bueno, hubo muchas cosas pero lo que realmente pesaba era la impotencia de ver partir el vuelo que debía llevarnos a casa. Pasada la conmoción, recibimos el premio de consolación que en estas ocasiones se acostumbra otorgar a los afectados: un reembolso monetario, una noche en uno de los hoteles cercanos al aeropuerto y una nueva asignación de vuelo.

Octavio, Salvador, Priscila y Mercedes, una chica que conocimos en la linea de reclamación, recibieron sus pases de abordar con destino a Tenochtitlán para el día siguiente, con sus respectivas conexiones posteriores. Mi reasignación, sin embargo, fue un caso aparte. Por alguna razón desconocida los vuelos entre Chihuahua y la capital se cancelaron el 24 y mi única opción se redujo a tomar tres vuelos por la unión americana: París-Atlanta, Atlanta-Dallas, Dallas-Chihuahua. Tres vuelos en conexión durante navidad nunca serán una buena idea.
Haciendo gala de mi escaso pero existente sentido común pedí el cambio de uno de los vuelos por otro que al menos me diera dos horas para trasbordar, aunque la ruta siguió siendo la misma. Me quedé muy contento con mi itinerario en mano, casi tanto como Mercedes con sus 600 euros de reembolso. Nos fuimos a comer, a relajarnos un poco después de todo el estrés de la jornada y a cobrar, para terminar en el hotel (donde estaban los demás chavos). Dormimos, cenamos y platicamos con Mercedes y Rafael (otro añadido en el camino) del irreal mundo tragicómico de KAUST, del medio oriente y demás conversaciones de turistas atrapados. A través de ellas fué divertido comprobar que, tal como lo percibió antes uno de los muchachos, nos estamos convirtiendo gradualmente en “personas interesantes”.

Muy temprano el día 24 agotamos nuestra última comida gratis y nos fuimos al aeropuerto con tres horas de anticipación para que esta vez no hubiera contingencias. Nos despedimos en las correspondientes puertas, esperando lo mejor para cada quién. Por primera vez en el viaje estaba sólo, pero no es una sensación que me agobie. En el último año he desarrollado un estado de alerta casi felino que me hace ser una persona mucho más concentrada y auto-suficiente cuando se necesita, al contrario de lo que cualquiera que me conozca podría esperar. Además me da tiempo para pensar, para hablar con Dios, para poner mi cerebro un poco en orden. Y valla que tendría tiempo de hacerlo ese día, ya que gracias a las maravillas del mundo moderno y los husos horarios duró 36 horas en lugar de las acostumbradas 24.

Las cosas comenzaron mal en Paris. Y debido al clima para variar. El primer vuelo se atrasó una hora, lo cual no hubiera sido nada grave a no ser por que el siguiente país a cruzar serían los Estados Unidos. Una larga fila de ingreso al país amenazaba con acabar con mis nervios y con mi tiempo para buscar mi pasaje, pasarlo por aduana, volverlo a documentar y abordar el siguiente avión. Crucé el chequeo de pasaportes a las 4:30. Mi vuelo salía a las 4:30.
Salí corriendo al área de reclamo de equipaje para descubrir que no estaba el mío. Lo supuse, con todos los cambios y cancelaciones, así que me resigné y me dirigí a la sección de vuelos en conexión. Ya a punto de salir una amable señora del aeropuerto me preguntó porque no llevaba maletas. Tras oír mi respuesta me dijo:

- A dónde vuelas?
- A Chihuahua, México
- Ah México? Esas no las tienes que recoger, se van directo al siguiente vuelo

Con algo de alivio y un poco más de prisa salí corriendo a buscar mi nuevo vuelo. Aún estaba en las pantallas y salía de la terminal A. Yo estaba en la E, del otro lado del aeropuerto, pero no me tomó más de 7 minutos en tren y 5 corriendo para alcanzar a ver que ese vuelo también estaba atrasado, lo cual por primera vez trabajaba a mi favor. Puede decirse que sólo una vez al año cae una tormenta de nieve en Dallas, y la del 2009 decidió caer en nochebuena. Despegamos a las 6, lo cual calculé me daría 20 minutos para trasbordar en la “gran D”. No fueron necesarios tales cálculos.

Tras media hora de circundar el turbulento cielo del hogar de los vaqueros, la piloto nos dió el funesto anuncio:

-Sé que todos queríamos aterrizar en Dallas, pero la noche de hoy nadie podrá hacerlo. Las pistas han sido clausuradas por congelamiento y el combustible se agota, por lo que debemos desviarnos a Austin.

La noticia cayó como plomo. El silencio, el descontento y la impotencia eran tan densos que se podían respirar. Yo sólo pude orar, pero no supe ni que pedirle a Dios. ¿Que lleguemos a Austin? ¿Que se componga el clima en Dallas? Ver a todos hablando por teléfono para avisar a sus familias mientras que el mío y su cargador europeo no funcionan aquí no mejoraba la situación. Que se haga tu voluntad. La oración más sabia y sin embargo la más olvidada. Ese día la hice más sincera que nunca porque, al final de cuentas, en mi poder no estaba ya nada.
Llegamos una hora después a Austin, pero el aeropuerto no podía recibirnos más allá del aterrizaje. No estaba permitido bajar de la aeronave y la piloto no podía volar después de cierto tiempo por cuestiones de contrato. Media hora después surgió la solución: podían recargarnos de combustible y si partíamos de inmediato la capitana podría llevarnos a las recién reabiertas pistas de Dallas. Las personas aplaudieron y la sonrisa volvió a sus rostros. Yo me alegré por ellos, pero mi caso distaba de ser el mismo.

Llegamos al aeropuerto por fin a las 10:30 de la noche, la hora a la que se supone debía estar llegando a Chihuahua. En ese momento avisarle a mi familia era mi más alta prioridad y me bajé sólo tras escuchar que el equipaje podría ser recogido en el área 15 de la terminal E. Me preocupó muy poco pues yo ya había dado por perdida esa maleta desde hace un buen tiempo. Encontré las tarjetas de teléfono más caras de mi vida a unos cuantos metros y llamé por 8 minutos para corroborar mi status de vivito y coleando. Esa llamada fué el parteaguas de la noche.
Oír la voz de mi familia y asegurarles que estaba bien cambió la perspectiva de todo. Desperté del letargo emocional que el último vuelo me causó, retiré las tropas y conté las pérdidas. Era obvio que no alcanzaría a llegar a Chihuahua esa noche. Si no encontraba hospedaje en el hotel del aeropuerto podría quedarme a dormir en una de las salas, no sería la primera vez. Gracias a Dios el dinero no era problema entre el reembolso del Air France y la beca del tío Abdullah. Muy temprano el 25 me levantaría y compraría un boleto a algún lugar más cercano, como El Paso, para que mi familia pasara por mí.

En ese momento sólo la sed me molestaba. Traté de comprar algo en las máquinas pero no aceptaban billetes de más de cinco dólares y el cajero no daba de menos de 20. Le pregunté a un hombre que se encontraba cerca si tenía cambio. Me dijo que lamentablemente no. Después de unos instantes preguntó:

-Que pensabas comprar?
-Un agua o algo para tomar.
Puso dos monedas en la máquina y me dijo:
-Feliz navidad muchacho.

Tanto el hotel del aeropuerto como las taquillas de la aerolínea que se supone debió haberme llevado a Chihuahua (American Airlines) se encontraban en la terminal D. Se necesitaba tomar un autobús para llegar a la misma, pues el tren cesó su funcionamiento esa noche. Después de dar una infructuosa vuelta al área de reclamo de equipaje salí del edificio y me di cuenta el porqué la situación de los vuelos estaba tan mal. El frío era terrible y aún cuando ya no nevaba en el piso seguía esa letalmente sutil capa de hielo que no se lleva bien con las llantas de un tren de aterrizaje o un par de zapatos Converse. Entre resbalones llegué a donde estaba el autobús, pero algo me dijo que debía checar la siguiente área de maletas. Según mis vagos recuerdos de las últimas instrucciones de la tripulación era esa donde las maletas de nuestro vuelo aparecerían y no en la anterior. Pasé de largo el camión y entré de nuevo al edificio por la siguiente puerta. Cual niño en carrousel, mi maleta parecía divertirse dando vueltas en la banda. Talvez por eso, como papá de niño en carrousel, sonreí en cuanto la ví.

Con recobrados ánimos esperé el próximo autobús a la terminal D. Unas jocosas señoras de apariencia sumamente estadounidense abordaron junto conmigo, y minutos después un hombre y una muchacha. Contando las macabras historias que esa noche traía al Dallas-Fort Worth International, al llegar mi turno los demás no pudieron hacer más que reir, y yo también me reí.

- Ok, entonces ya no puedo quejarme- dijo la chica esbozando una sonrisa.
- No cabe duda que siempre que uno piensa que la está pasando mal hay personas que la están pasando peor – Dijo en un tono misericordioso y sincero la más extrovertida de las mujeres.

Si, ésta vez yo era el consuelo. Pero de alguna manera lo tomé también con gusto. Hasta me agradó hacer sentir mejor a los demás.

Las señoras tenían reservación en el hotel, no así un servidor. Como era de esperarse las habitaciones estaban completamente ocupadas y no había manera de rentar una. La mujer se despidió de mi, dió unos pasos, se volteó y me dió un abrazo. Me retiré hacia el interior de la terminal y, reuniendo toda la serenidad y cordura que me quedaba, hablé de nuevo a mi casa:

- No encontré lugar. Voy a dormir aquí y mañana busco un vuelo. ¡Feliz Navidad! nos vemos mañana con el favor de Dios.

En una banquita, frente a las taquillas de American Airlines y las pantallas que anunciaban los vuelos, pasé mi nochebuena. Talvez no tan “buena” como lo marca el estándar comercial, pero me dió tiempo para pensar un montón de cosas con la parte aún activa de mi cerebro.

Pensar en aquellos que realmente están sólos en navidad. En aquellos que realmente no tienen un lugar donde dormir, aquellos por quienes no espera nadie en sus casas. No hubo falta que me visitara ningún fantasma de navidades pasadas o futuras para darme cuenta que mi vida esta llena de bendiciones y que si hoy pasaba un mal rato sólo debía resistir un poco más. Si hice corajes, si tuve ganas de llorar, de gritar o de desquitarme con los empleados que ninguna culpa tenían y que por lo general trataban de mostrar su mejor cara. Ellos también estaban pasando una navidad difícil, atendiendo a cientos de enfurecidos viajeros que olvidamos que el verdadero propósito de la navidad está en recordarnos el amor de Dios, mismo que debemos mostrar unos para con otros y no sólo cenar en una fecha específica con nuestra familia. Recordé aquel pasaje de las enseñanzas de Jesús: cuán fácil es dar amor a los que ya nos aman. Lo que verdaderamente haría la diferencia sería darlo a aquellos que no conocemos, a aquellos que nos dicen que el vuelo ha sido cancelado por tercera vez, a los que ni siquiera celebran la navidad. En el espejo de una solitaria navidad pude ver reflejadas todas estas realidades, darme cuenta que hay cosas que debo cambiar y cosas en las que llevo un buen camino. Escribí la mayor parte de esta historia esperando mi último vuelo, llevando en las maletas una más de esas experiencias inolvidables que este año que termina tuvo al por mayor.

Como casi todas las buenas historias, esta tuvo su final feliz. Llegué a Chihuahua el 25 en la noche, con dos horas para celebrar la navidad, regalos por repartir y una amorosísima familia que me abrazó hasta que se acabaron las fuerzas y que pospuso la cena por un día. Pocas veces me he sentido tan feliz de estar en casa. Que tonto, siempre debí sentirme así de feliz.

Misr

Egipto. El nuevo destino al que muchos alcanzamos a aferrarnos apenas con las uñas, tras una pesada jornada en la que terminaríamos todos los pendientes necesarios para poder salir del reino y despegarnos de la incómoda familiaridad de una escuela que día a día se antoja más irreal. El mítico país nos aguardaba para mostrarnos que a las riveras del Nilo hay mucho más que tres monumentales tumbas triangulares.

Nuestra primera escala fué Cairo. Una ciudad cuya peculiaridad más grande no me pareció que fuera el alojar a veinte millones de habitantes, sino la posibilidad de ver entre sus edificios las siluetas de las imponentes pirámides. Ecléctico es una palabra que queda sumamente corta a la hora de contrastar en el mismo paisaje unos edificios departamentales y un highway de varios desniveles con construcciones de 4000 años de antigüedad. No se cómo es que los locales se pueden acostumbrar a vivir con ese paisaje, pero pensándolo bien, la gente se acostumbra casi a cualquier cosa.

Cairo

Y es precisamente la gente uno de los sabores distintos que Egipto tiene con respecto del resto del medio oriente. Son muy amistosos, escandalosos y futboleros (fué una tragedia nacional no clasificar al mundial). Los mayores muestran un sentido de pertenencia y respeto por las tradiciones impresionante, mientras que los jóvenes se pierden en el mar de la moda, los antros y los malls…los desdichados malls. Tienen la capacidad de burlarse de todo, incluso de sí mismos. Podría decirse que Egipto es el México de medio oriente (probablemente es por eso que muchos de nuestros mejores amigos aquí son egipcios).

Ya avanzado el primer día tuvimos la oportunidad de conocer ese pequeño rincón que, tal como en latino américa, funge como la muestra más fiel de cualquier pueblo: el mercado. Ésto no sin antes participar en un choque en los taxis que nos llevaban, pues como buenos árabes manejan de la manera más horrible posible. Hana-Halili es el nombre del comercio de artesanías más importante de la capital, donde nos dirigimos para comprar los recuerditos correspondientes y de paso practicar el deporte extremo por excelencia en Egipto, mejor conocido como regateo. Se que muy probablemente ustedes queridos lectores han sugerido una rebaja de precio por tal o cual circunstancia o incluso se han visto involucrados en una pequeña discusión por un precio que les parece un poco alto, pero aquí es una cosa completamente diferente. En Egipto se regatea por diversión. Intercambiar cualquier frase con un vendedor o poner la mirada en alguna pieza por más de dos segundos invariablemente te llevará a 10 minutos de discutir su calidad, precio y el porqué no la quieres. Te agobian, te persiguen, te hablan en un español terroríficamente fluido. Te arrojan la mercancía junto con un precio que es de 5 a 10 veces el valor real y esperan tu respuesta. Si realmente quieres algo lo último que debes hacer es aceptar la primera oferta. Para triunfar hay que mostrarse desinteresado, pobre y con prisa. Fue un fenómeno que comenzó a manifestarse ahí, pero que se repitió puntualmente en todos y cada uno de los destinos turísticos de nuestra visita y que al final de la semana dominamos con maestría, al punto de preguntar por cosas que no queríamos sólo para ver quién obtenía un precio más bajo.

Cairo Hana Halili

A pesar de todo ésto, salta a la vista que Egipto es un país orientado a los turistas. Y como no, si es el segundo ingreso más importante del país. Tal como lo mencionaba, los comerciantes de casi cualquier puesto de figuritas y demás chácharas hablan unos 4 o 5 idiomas lo suficientemente bien para entablar una conversación básica y convencerte de comprar. Uno de ellos nos dijo de memoria la alineación de la selección mexicana. Están obsesionados en que te guste lo que ves, en que gastes, en que vuelvas. Muchos de ellos talvez no lo valoren de la manera adecuada ni por las mejores razones, pero saben que son poseedores de un patrimonio majestuoso e innegable.

Nuestro guía, sin embargo, era un caso aparte. ¿Pueden imaginarse cómo habla español un árabe cuya segunda lengua es el portugués? Esa era una de las múltiples gracias que el asombroso y mágico Tío Samuel llevaba bajo la manga. Había servido en la embajada brasileña por 4 años y viajado al país carioca en más de una ocasión al servicio del departamento de relaciones exteriores, después de terminar su maestría en historia egipcia. Aprendió español tiempo después en algun instituto cultural de Cairo cuyo nombre no recuerdo y desde hace 14 años se dedica a exponerle su país a un mundo que lo visita en forma de turistas ibéricos y latinoamericanos. Ni siquiera habíamos pasado del estrechón de manos cuando el ya nos llamó “familia” y asi continuamos siendo la familia de Samuel por una muy loca semana. Con su calmada voz, su alegre semblante y su simpático portuñol nos llevó de la mano a través de miles de años de historias, templos, guerras y deidades bizarras, con la dosis de exageración y creatividad que a ningún egiptólogo puede hacerle falta. Gracias a él aprendimos que, a pesar de haber sido una civilización sumamente poderosa, Egipto ha sido conquistado por extranjeros en 12 ocasiones distintas siendo la última los ingleses y la más influyente (y devastadora) los árabes. Al final le tomamos tanto cariño que lo que yo creo comenzó como un ardid mercadotécnico de lo más básico terminó siendo una agradable verdad: éramos una gran familia. No creo que alguna vez leas esto, pero… Te queremos Tio Samuel!!

Asi transcurrió el primer día y nos fuimos a la cama con la espectativa de conocer a la mañana siguiente el motivo por el que el 99% del mundo occidental quiere ir a Egipto. Después de haberlas visto tan cerca, no podíamos pasar sin pagarles una visita a las asombrosas pirámides de Giza.

Amman

Bienvenidos a la capital de las tierras del otro rey Abdullah. Amman fué nuestra primera escala en Jordania, nuestra base de operaciones y ventana a un medio oriente muy distinto al que conocíamos.

Amman downtown

Downtown en Amman, desde el cuarto del hostal

Jordania, a diferencia del irreal simpático reino donde vivimos, no tiene un gobierno teocrático. La religión oficial sigue siendo el Islam, pero no son las enseñanzas de Mohammed las que dictan las leyes allí. Por lo tanto, a la gente se le tiene permitido hacer y deshacer lo que bien le venga en gana (dentro de lo razonable) y la sutil pero constante presión por pensar que a la vuelta de la esquina podrías hacer algo que merite perder un brazo desaparece por completo. Se siente genial!

Nos hospedamos en un hostal que comenzó como una propuesta muy atractiva y barata, convirtiendose en una efímera decepción para terminar siendo una experiencia sumamente divertida. Las personas que ahí trabajaban eran de lo más amables y a la vez extrañas, reuniendo el elenco del freakshow más amistoso que jamás he visto.Ampliamente recomendable.

Abassi Palace, Amman

Abassi Palace, hogar de Madame Sassú y su Freakshow

Ammán es comparable a cualquier ciudad mediana tirándole a grande en México (Chihuahua podría ser una aproximación aceptable). Con sus barrios bajos y altos, su clima mucho menos bochornoso, su centro lleno de tiendas de artesanías y sus malls al estilo occidental la familiaridad volvió al ambiente, salvo por las claras excepciones del idioma y la moneda. Los dinares jordanos son prácticamente equivalentes a los euros pero se van como el agua, lo cual eleva el costo del diario vivir a niveles que su población no aparenta alcanzar fácilmente. Gracias a nuestro padrino mágico -el rey Abdullah original- pudimos superar dicha prueba un tanto malheridos pero triunfantes.

De entrada, Jordania nos despertó a una realidad extraña. En la acertadas palabras de uno de los chavos: se puede ser musulmán sin ser tan raro. Tomada fuera de contexto la frase suena terriblemente intolerante, pero resulta perfectamente justificable cuando se toma en cuenta que nuestro primer contacto con el mundo islámico fué Arabia Saudita, el reino más restrictivo y recalcitrante al respecto de sus reglas y su religión. Es precisamente la gente del medio oriente quien etiqueta al reino de la familia Saudi como un lugar para ser rico y viejo y descansar, pues prácticamente no hay más que hacer. En cambio, en Jordania florecen mucho más la cultura y la conciencia global. Está lleno de destinos interesantes, cargados de significado y esplendor, que gracias a Dios pudimos visitar y que serán el tema de los siguientes posts. Manténganse en sintonía!!

Ejercicio democrático

Hace unos 11 años, en una primaria de Veracruz, los directivos y maestros organizaron una elección para que los niños comprendieramos mejor los procesos políticos que llevan a nuestro querido país a la democracia. Cada grupo de sexto grado organizaría una planilla, nombrando a sus candidatos a presidente, diputado y senador si mal no recuerdo.

Así se formaron los diferentes partidos, identificados sólo por un color. Nosotros éramos el partido naranja, y así había azul, rojo, amarillo y tantos colores como salones hubiera. Nos preparamos y nombramos a los candidatos.

El primero era Manuel Alejandro, un chavillo que tenía bastante pegue entre el niñerío. Siempre un tanto precoz y aprovechando su carisma, había tenido ya algunas “novias” y era bastante simpático. Él era el candidato a senador.

El segundo era Luis Humberto. Bastante bien reconocido entre la chamacada por ser uno de los cracks de la primaria, su habilididad futbolística le precedía y su popularidad era casi automática. El era el candidato a presidente

El tercero era yo. Sin mayor presunción, mi buen record de calificaciones me certificaba como nerd y me otorgaba un cierto nivel de respeto. Y aparte de eso buena onda, guapo y sobre todo modesto. Yo era el candidato a diputado.

Una vez establecida la terna, la campaña se empezó a gestar en los cuarteles improvisados que representaban nuestras casas con nuestros asesores igual de inexpertos, nuestros padres. Después de que los planes se trazaron, sólo restaba esperar al día señalado para que comenzara el show.

Durante la campaña, lanzamos bolsas de palomitas con tiras de color naranja desde el tercer piso del edificio de salones, mientras los demás estudiantes se agolpaban para alcanzar a quedarse con alguno de los paquetes. Todo el salón participó repartiendo paletas heladas y haciendo relajo, mientras nosotros ibamos muy trajeados visitando salón por salón y haciendo nuestro tour alrededor de la escuela, asegurándonos de decirle a cada niño que votara por nosotros. Entre regalos y promesas, la jornada termino exitosamente.

Al día siguiente fueron las votaciones y tras un cuidadoso conteo resultamos ganadores. Fué así como terminó el simulacro electoral en nuestra primaria.

No se ustedes, pero yo creo que entendimos el aparato político mexicano A LA PERFECCION.