La semana pasada tuve el privilegio de grabar la batería para el proyecto musical que un hermano de la iglesia traía en mente ya hace un rato. Conseguí mis antiguos platillos prestados – snif, me dió mucha nostalgia. Yo amaba mi crash – y entre varias otras piezas prestadas armamos un frankestein baterístico que, cabe mencionar, sonaba bastantante bien (tarola Mapex Mars Pro y kit de bombo y toms Sonor, izquierdos ZBT y ride Paiste de 18″ de no se que serie, por si había un curioso)
Privilegio también en parte gracias al sujeto quien realizó la grabación y que además está fungiendo (sin cargo extra) como productor del disco. Israel, o Isra pa los compas, es un talentosísimo bajista (y músico en general) de trato muy amable y diplomático, pero sincero. Era, además, un gamer ávido y conocedor hasta donde su juventud le permitió. Miento, un poco más allá, como me pude percatar durante la semana en la que viví todas las tardes en su casa. Aunque de amplia experiencia, apenas comienza formalmente en el negocio de las producciones musicales y su estudio está conformado por un par de recámaras improvisadas que sus pequeños hijos a veces deben compartir con un set de batería arreglado para grabaciones o asuntos similares.
Justo al comenzar la primera sesión, uno de los niños estaba jugando en la computadora del estudio. Huyó raudo en cuanto nos vió entrar, así que sólo alcanzó a poner pausa al juego. Cuál va siendo mi sorpresa, cuando Israel lo reanudó antes de cerrarlo, que lo que corría era el famoso emulador ZSNES y el juego era nada menos que el TMNT Tournament Fighters, un juego rebuscado que yo sólo recordaba de algunas vacaciones en las que junto con mis primos agotamos el catálogo de juegos del Blockbuster más cercano. – Mira! está puesto el de las tortugas, ese juego estaba muy bueno – dijo Isra sin sorpresa alguna, antes de iniciar el ProTools. Eso le dió de entrada suficiente geek cred par hacerme sentir más en confianza, aunque no hubo gran discusión al respecto más allá de dos o tres frases.
Al día siguiente, el mismo patrón. Aunque ésta vez el juego era diferente, no era menos notorio: Megaman Soccer. Ésta vez el niño no corrió, sino que se quedó unos minutos a comentar como él sabía la manera de “tirar los tiros super poderosos” y algunos otros trucos correspondientes. Cuando se fue surgió otro relato videojugadoril que delató a Israel permanentemente:
- Nooombre, hubieras visto. La semana pasada fuimos a la fiesta de uno de los sobrinitos y habían puesto un Marvel Vs. Capcom. Ya sabrás, todos los tíos ahí trepados vueltos locos. Yo era bueno, ahí me la mantenía de chavo, pero había otro bato que hasta tenía técnica y nomás no lo pudimos bajar. El que a mi me gustaba un chorro era el Street Fighter. Verás, cuando ya tenga el estudio acá chido voy a poner una máquina para que me reten, a ver como les va -
Beautiful. En definitiva si habríamos de grabar con alguien debería de ser él. Los días siguientes salieron más comentarios acerca del Super Mario de Wii, de Contra y de lo maravilloso de la música de Zelda (¿músicos gamers? Zelda es un tópico OBLIGADO). En realidad lo que me agrada de éstas pequeñas historias es ver cómo las referencias a los videojuegos saltan por aquí y por allá, cada vez más seguido y en lugares que no esperabas. Es divertido encontrar gente que comparta la afición y ver cómo la influencia cultural del medio permea ampliamente en otros países que no sean la tierra del consumismo y el brain-wash. Su aceptación como arte/medio de expresión ha dado pasos considerables durante la generación actual y parece seguir así, si no se cocina otra crisis como la de E.T.
Para complementar, después de su lectura agregue un excelente artículo de Brainy gamer acerca del propósito y la naturaleza de los juegos de video hoy en día.



