Tal vez debo dejar de jugar VII

El día de hoy, como hace mucho tiempo que no lo hacía, visité el museo de Pancho Villa, en la antigua mansión de su viuda. En cuanto entré y vi el patio interior y los muchos cuartos que se despliegan en aquel elegante edificio, imaginé los planos de la casa desde una vista superior y me puse a indagar los puntos en los que un garfio escalador podría ser enganchado.

batman arkham cityTalvez debo dejar de jugar Arkham City… y creanme que Skyward Sword no mejorará esto en lo más mínimo. Ah, aparte soñe que controlaba el bati-bumerang teledirigido así que creo que SI me está afectando. Igual está muy bueno así que me vale

El pequeño robot que pudo

real steel atomEl domingo pasado fui a ver Real Steel al cine (Gigantes de Acero, una sorprendentemente no-tan-infame traducción). Sin esperar mucho realmente, pero vaya son peleas de robots gigantes y Hugh Jackman me cae muy bien (por Wolverine, de la misma manera que Ewan McGregor, por Obi-Wan). Me hallé una agradable sorpresa.

Primero, que la trama no es exactamente la del churro palomero clásico. Sigue muchisímos lineaientos hollywoodescos, pero logra convencer y el final es más sustancioso y menos gringo de lo que parecía que sería. Segundo, un muy buen soundtrack compuesto entre las piezas originales de Danny Elfman y canciones de Eminem (quien ya volvió a ser cool aparentemente) y Foo Fighters (ya era hora de que otro rock aparte del de Linkin Park acompañara robots destructores). Tercero, Evangeline Lily. Las actuaciones no brillaron precisamente, pero no hay mucho que reprochar. Al niño ese lo odié y lo amé por partes iguales, tal como sucede con los pre-adolescentes de la vida real así que creo que su papel fué representado al menos acertadamente. Y el “pequeño” Atom, el robot co-protagonista, es lo mejor sin duda. Partidario del lado mudo de los robots, talvez no tenga tanta personalidad como un Wall-e pero fácilmente se gana el corazón de la audiencia (en especial cuando está siendo bapuleado por una mole mecatrónica del doble de su tamaño). Una historia de conocimiento y superación personal de esas que te dejan un buen sabor de boca y que probablemente es más apta para la familia que, digamos, Cinderella Man.

El objetivo de ésta entrada, sin embargo, no es ni remotamente cercano a ofrecerles un punto de vista válido para considerar la película. No, mi dialéctica espera inclinarse hacia dos temas que si bien no son cruciales en la trama emergen varias veces entre las preguntas que la sociedad se hace hoy en día. De hecho, creo que son irresponsablemente dados por sentado, quizá porque la novela en que se basó la película fué escrita en los 50′s.

Primero, el mocoso titular resulta ser un genio de la tecnología y a nadie parece importarle. Además, sabe al menos un nivel básico de Japonés. Y sin embargo, desde hoy (y seguramente también para el 2020) una de las cuestiones más importantes que la niñez y la juventud enfrentará es la de alcanzar una buena educación, una que les permita explotar su potencial y ser de utilidad al género humano. Es cada día más obvio que los modelos clásicos perecen ante una comunidad cambiante y un mundo que se encogió (y se sigue encogiendo) significativamente después de internet. Nuevos esfuerzos e iniciativas estan naciendo por aquí y por allá, con resultados varios y propuestas interesantes. Espero que muchas (o al menos algunas) lleguen para quedarse y estoy convencido que los videojuegos (y los juegos en general) tendrán un papel importante en toda ésta transformación, si bien no en el sentido estricto en el que usamos el término.

El niño de la historia se volvió un experto en ambos frentes porque le resultaba divertido, porque había un sentido de propósito en todo ello. “Las versiones japonesas son las mejores” es el simple motor que le llevó a aprender japonés para disfrutar aún más de sus experiencias favoritas (me recuerda a una y mil otras historias conocidas). “Las peleas de robots son increíbles” es otra frase sencilla que encierra el cómo un pequeño puede volverse un programador de gran nivel a una muy corta edad. Ésto no se presenta de forma explícita, es sólo una escena en la que despues de no dormir por sólo una noche el jovencito logra cambiar radicalmente la interfaz de control de su robot adaptando piezas y sistemas de otros peleadores. ¡Esto es sorprendente! No se hace mucho aspaviento, lo cual a mis ojos fortalece la errónea idea de que “el que es genio es genio” y que ésta clase de habilidades está reservadas para unos pocos, que se adquieren por suerte y no por gusto ni esfuerzo. Sin embargo puede leerse entre líneas que si el niño sabe de todo ésto es simplemente porque las peleas de robots le encantan y no pudo más que sumergirse en el tema, aprendiendo una que otra cosilla en el camino. El aprendizaje apoyado en los hombros de la diversión y el gusto propio cobra una fuerza brutal, la misma fuerza que nos tiene preguntándonos porqué la mayoría de nosotros no puede recordar más de 5 artistas del renacimiento y sus obras pero recordamos a detalle el nombre y poderes de más 20 X-men, incluyendo cuantas veces hayan tenido que viajar en el tiempo para salvar al profesor Xavier y demás datos de similar grado de inutilidad.

Hay un peligro en querer convertirlo todo en un juego y para nada sugiero que ésta sea la panacea educativa. El ejemplo de la película es claro: el niño no ganaba puntos por cada línea de código que escribía y no competía con sus amiguitos de facebook (que espero ya no exista para ese año) por ver quien tenía mas puntos. La Gamificación es un fenómeno muy mal entendido y que empieza a asomarse como la nueva cara fea de los videojuegos. En la trama el niño aprendió porque el resultado era tanto divertido como importante y no se le tuvo que inculcar a base de fuerza, sino simplemente a base de darle las herramientas adecuadas y dejarlo ser. Algo Montessoriesco, si se me permite elaborar semejante palabreja, y efectivo cuando sabe utilizarse. Si la industria y la educación saben inclinarze por el lado correcto, el éxito es casi garantizado.

Segundo, me agrada cómo en la película se trata un tema que ya nos es muy común gracias a las toneladas de ciencia ficción que día a día nos inunda: las máquinas contra la humanidad. Estamos acostumbrados a ver que triunfa el humano porque se contrapone a la máquina, a que el corazón es más poderoso que el procesador. Y es muy cierto, incluso si nos viéramos en términos completamente prácticos, como sistema estamos a años luz en lo que respecta a la complejidad si nos comparamos con nuestras creaciones. En ésta historia, sin embargo, se aprecia el otro lado de la moneda: ¿que pasa si se suman el corazón y la computadora? El potencial del hombre elevado a niveles insospechados gracias a la tecnología. Un robotillo humilde con no exactamente los mejores avances, sino los mínimos que le permiten ser una extensión del humano, retando a la más maravillosa máquina de pelea jamás antes creada. Una pieza tecnológica que hace más humano a su operador. En una época en que los celulares, las computadoras portátiles, las consolas de videojuegos y nuestros estilos de vida en general nos alienan más y más de nuestros congéneres, éste no deja de ser un mensaje fuerte. Atrevo a añadir a dicho mensaje mi propia (y muy debatible) opinión: la tecnología debe tener como meta el convertirnos en mejores personas, no en permitirnos hacer exactamente lo mismo que ya hacíamos con menos esfuerzo. En cuanto al desarrollo tecnológico se refiere, “más fácil” nunca debería ser el objetivo, sino sólo una consecuencia.

Sólo me resta decir que si ya la vieron me gustaría escuchar su opinión y si no se las recomiendo ampliamente.

 

“Cualquier sociedad…”

Últimamente me he encontrado con cierta frasesilla en varios espacios de opinión pública masiva (redes sociales, en concreto) que los abanderados del nuevo PRI decidieron tomar como uno de sus múltiples estandartes en su nueva campaña de “les prometemos ahora sí portarnos bien”. Dicha frase es:

Cualquier sociedad que renuncie a un poco de libertad para ganar un poco de seguridad no merece tener ninguna de las 2 cosas.

-Benajamín Franklin

Muy cierto, pero creo que los últimos capaces de hacerse de semajantes gritos de guerra son ellos. ¿No fué bajo el régimen del PRI que todos los narcos y demás delincuentes se colaron hasta las barbas en la administración pública? ¿Acaso no “todo estaba bien” mientras dejáramos a los criminales hacer lo que quisieran “por debajo del agua”? No nos engañemos, éstas alimañas ya habían vendido nuestra libertad (los criminales eran tan impunes como hoy) por un poco de seguridad (todo tranquilo, mientras acates las órdenes). Sólo que no nos habíamos querido dar cuenta.

Hoy en día, en que el presidente en turno realiza una muy desafortunada y pésimamente fundada guerra contra el crimen organizado (vivo en Chihuahua, sé de lo que hablo), es cuando sale nuestra realidad a relucir. No apoyo ni a un lado ni a otro en ésto, para mi propia mala suerte soy más apolítico de lo que debería. Pero me parece una hipocresía de lo más terrible que la vieja guardia ahora se autoproclame defensora de la libertad del pueblo. En fin, más atole con el dedo para la época pre-electoral.

Disclaimer: Un post político aqui??? Lo sé, pero no todo son jugabilidades e historias bonitas para un servidor.

Mientras tanto, en el estudio de grabación…

La semana pasada tuve el privilegio de grabar la batería para el proyecto musical que un hermano de la iglesia traía en mente ya hace un rato. Conseguí mis antiguos platillos prestados – snif, me dió mucha nostalgia. Yo amaba mi crash – y entre varias otras piezas prestadas armamos un frankestein baterístico que, cabe mencionar, sonaba bastantante bien (tarola Mapex Mars Pro y kit de bombo y toms Sonor, izquierdos ZBT y ride Paiste de 18″ de no se que serie, por si había un curioso)

Privilegio también en parte gracias al sujeto quien realizó la grabación y que además está fungiendo (sin cargo extra) como productor del disco. Israel, o Isra pa los compas, es un talentosísimo bajista (y músico en general) de trato muy amable y diplomático, pero sincero. Era, además, un gamer ávido y conocedor hasta donde su juventud le permitió. Miento, un poco más allá, como me pude percatar durante la semana en la que viví todas las tardes en su casa. Aunque de amplia experiencia, apenas comienza formalmente en el negocio de las producciones musicales y su estudio está conformado por un par de recámaras improvisadas que sus pequeños hijos a veces deben compartir con un set de batería arreglado para grabaciones o asuntos similares.

TMNT tournament fightersJusto al comenzar la primera sesión, uno de los niños estaba jugando en la computadora del estudio. Huyó raudo en cuanto nos vió entrar, así que sólo alcanzó a poner pausa al juego. Cuál va siendo mi sorpresa, cuando Israel lo reanudó antes de cerrarlo, que lo que corría era el famoso emulador ZSNES y el juego era nada menos que el TMNT Tournament Fighters, un juego rebuscado que yo sólo recordaba de algunas vacaciones en las que junto con mis primos agotamos el catálogo de juegos del Blockbuster más cercano.  – Mira! está puesto el de las tortugas, ese juego estaba muy bueno – dijo Isra sin sorpresa alguna, antes de iniciar el ProTools. Eso le dió de entrada suficiente geek cred par hacerme sentir más en confianza, aunque no hubo gran discusión al respecto más allá de dos o tres frases.

Al día siguiente, el mismo patrón. Aunque ésta vez el juego era diferente, no era menos notorio: Megaman Soccer. Ésta vez el niño no corrió, sino que se quedó unos minutos a comentar como él sabía la manera de “tirar los tiros super poderosos” y algunos otros trucos correspondientes. Cuando se fue surgió otro relato videojugadoril que delató a Israel permanentemente:

- Nooombre, hubieras visto. La semana pasada fuimos a la fiesta de uno de los sobrinitos y habían puesto un Marvel Vs. Capcom. Ya sabrás, todos los tíos ahí trepados vueltos locos. Yo era bueno, ahí me la mantenía de chavo, pero había otro bato que hasta tenía técnica y nomás no lo pudimos bajar. El que a mi me gustaba un chorro era el Street Fighter. Verás, cuando ya tenga el estudio acá chido voy a poner una máquina para que me reten, a ver como les va -

Beautiful. En definitiva si habríamos de grabar con alguien debería de ser él. Los días siguientes salieron más comentarios acerca del Super Mario de Wii, de Contra y de lo maravilloso de la música de Zelda (¿músicos gamers? Zelda es un tópico OBLIGADO). En realidad lo que me agrada de éstas pequeñas historias es ver cómo las referencias a los videojuegos saltan por aquí y por allá, cada vez más seguido y en lugares que no esperabas. Es divertido encontrar gente que comparta la afición y ver cómo la influencia cultural del medio permea ampliamente en otros países que no sean la tierra del consumismo y el brain-wash. Su aceptación como arte/medio de expresión ha dado pasos considerables durante la generación actual y parece seguir así, si no se cocina otra crisis como la de E.T.

Para complementar, después de su lectura agregue un excelente artículo de Brainy gamer acerca del propósito y la naturaleza de los juegos de video hoy en día.

Cuando “Mejor” es “Peor”

Tangled El día de hoy pudimos “ayudarle” a uno de los hermanos de la iglesia a estrenar su nueva pantalla HD 3D de chorromil pulgadas – además de unos cómodos sillones reclinables – viendo la película de Enredados (Tangled, en inglés). Muy recomendable, un paso hacia adelante después de muchos tropiezos por parte del departamento de animación de Disney que no es Pixar.

Más allá del desafortunado príncipe puertoriqueño que nos presenta el doblaje latino (su voz es la del mismísimo Chayanne), mi hermana y yo no pudimos dejar de notar un detalle que de vez en cuando nos trastornaba un poco.

Es la primera vez que veíamos la película transmitida en una señal de alta definición en una pantalla capaz de reproducir la más alta definición a la fecha. El setting perfecto para el cinéfilo común… o eso creíamos. Para nuestra sorpresa la pelicula ahora se sentía rara, algo no cuadraba y parecía que, aún cuando la imagen era inmejorable bajo estándares comerciales, en realidad veíamos una versión de ligeramente menor calidad.

El truco radica en que estamos acostumbrados a ver una señal generada en HD en una pantalla de HD en ún sólo lugar: los videojuegos (el PS3 para ser más exactos). Un lugar que históricamente tiene excelentes efectos, pero aún un poco menores a los del cine (excepto cuando hablamos de, obviamente, los cinematics). Un lugar en que los personajes y ambientes se ven casi reales, pero ese casi aún existe y no puede morir en tanto que la capacidad tecnológica de la animación no sobrepase los niveles actuales (y no me hagan hablar del Uncanny Valley).

Por ende, nuestro cerebro relaciona éstas imágenes con memorias generadas a través de una experiencia distinta, donde la animación es un poquitín más acartonada. De hecho, durante el paneo que hace la cámara al entrar al pueblo mi mente instintivamente creyó que era el video introductorio de un stage en algún juego hipotético de las aventuras de Rapunzel y por el microsegundo siguiente mi primera necesidad fué la de ubicar el control de la hipotética consola donde estaría jugando ésto. Como resultado, creímos que la película se veía más “falsa” que antes aún cuando era matemática y demostrablemente mejor.

Lo curioso es que ni yo estoy loco ni es un fenómeno exclusivo de la animación y los videojugadores. El buen Randall de XKCD lo explica en el texto alternativo de su cómic acerca de la televisión de alta definición. La calidad percibida triunfará siempre sobre la real, pues ¿no está acaso la realidad compuesta sólo de lo que percibimos?

Para nada trataría de meterme en un tema de profundidades metafísicas y filosóficas tan insondeables como éste. Tan sólo me quedo como lección lo que los bueños diseñadores te dirán una y otra vez:  una experiencia lo suficientemente poderosa (cotidiana o irregular) tiene la capacidad si bien no de trastornar la realidad, si de trastornar TU realidad.