Concurso de Fanart – Clausurado

banelingsCon la maravillosa cantidad de cero participaciones, no me queda más que clausurar el concurso de fanart. Sip, nadie envió nada.

¿Triste? No lo creo. ¿Desafortunado? Talvez, en especial porque a éstas alturas cualquier dibujo pudo ganar. Hasta monos de palitos.

¿Fracaso total? Para nada. He aprendido que ningun fracaso es total, pues viene de la mano de valiosas lecciones. El mensaje correcto hará resonancia con la audiencia correcta, y creo que ninguno se dió aquí.

La pregunta más intrigante que me queda entonces es: ¿mi copia latina de StarCraft 2 está embrujada? Con ésta son ya tres las ocasiones en que intento obsequiarla de algún otro modo y ahora si que como la tía quedada, “no sale ni en rifa”.

¿Qué hago con ella?

La última y nos vamos

Bien dicen que “el que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse“. Siento que llevo haciendo éste mismo post de despedida desde que empecé a estudiar por acá. Que si al año, que si el semestre pasado porque ya terminé los créditos. Al fin que ya éste no se siente tan emotivo desde el punto de vista ajeno por todos los que le preceden.

Desde el punto de vista personal, sin embargo, es el más rudo. Ahora si me voy. Ahora no soy de los que pueden relajarse como el observador cercano -mas no protagonista- y que puede hilar mil y un reflexiones desde su cómoda posisión. Ahora la despedida es para mí, y no va a ser nada fácil dejar de ver a los amigos tan buenos y tan geniales que hecho por acá. Algunos ya se fueron, otros me verán partir a mí, a todos se les extrañará genuina y entrañablemente. Es cierto que gracias a la era tecnológica en la que vivimos las despedidas son mucho menos definitivas y que uno nunca sabe si la próxima semana o el próximo mes o el próximo año uno volverá a ver a los amigos que creyó imposibles de alcanzar, pero los adioses nunca dejan de ser nefastos.

El día de hoy me paro de nuevo frente al umbral de lo desconocido, frente a un futuro incierto que de pronto perdió su terrible máscara y que se muestra como un mundo entero de posibilidades que esperan ser arrastradas hacia la realidad. Cuando aprendes que hay espacio para el error, que las fatalidades que tejes en tu mente son mucho menos fatales de lo percibido, la perspectiva cambia sustancialmente.

El 20 de junio regresaré a mi querido Chihuahua, esta vez no sé por cuanto tiempo, expectante de lo que Dios tenga dispuesto para mi vida y las de los que me rodean. Por lo pronto puedo prometer cambios en el blog, necesito desempolvar mi escueto conocimiento de CSS y demás herramientas de diseño y qué mejor manera de hacerlo que con mi juguete favorito de la web: éste blog. Éso y alguna que otra sorpresa que pueda (o no) tener bajo la manga.

Nos vemos en tierras aztecas!!!

Y empezó noviembre

Comienza mi mes favorito. Como siempre, estoy acostumbrado a iniciarlo sepultado en tareas, trabajos, proyectos y exámenes, por lo que la semana de mi cumpleaños resulta en la mayoría de las ocasiones como la más inapropiada para celebrar (puesto que no soy sólo yo, sino que toda la banda está igual de atorada). Y para colmo de males, esta semana tenemos la feria del empleo en la universidad y todo el mundo está de cabeza por ver que será de su futuro profesional.

Sea como sea, no me puedo quejar. Ya tuve mi visita a ese lujoso cascarón sin alma al que llaman Dubai (con lección de ski en nieve incluída) y mi regalo de mí para mí ya me llegó hace unos días (si me han seguido en twitter sabrán de que se trata, no he parado de hablar de ello).

Nos seguiremos escribiendo, pero esta semana estará perdida por seguro. Nos vemos!

California

golden gate

Antier llegué. Después de uno de esos viajes de 25 o 26 horas que no sólo ya no me saben tan amargos, si no que he aprendido a disfrutar, me encuentro en una cara de los estados unidos que puede decir con certeza, me ha sorprendido. Berkeley es probablemente la comunidad estudiantil más abierta y desquiciada de éste país (y candidata amplia para ser la del mundo). Sobra decir que es el polo opuesto a KAUST.

Berkeley

Aunque pasaré sólo un poco de tiempo aqui, será imposible no impregnarse de los olores a libertad y rebeldía, de las imágenes relajadas y brillantes (si bien opacadas por una neblina que no se va y que me recuerda a mi ciudad natal), de la abolición de la empatía que centenares de homeless han tenido a bien ejecutar en sus calles, de los hippies y los treehuggers, del continuo fluir de ideas.

Saludos desde la tierra prometida de los geeks, los gays y los granjeros!

Mario Galaxy 2 no se trata de nada

Soy un amante de las historias. Mis libros favoritos son las novelas y los cuentos y mientras más llenos estén de personajes complejos y tramas inteligentes son mejores a mi parecer. Series de televisión, películas y caricaturas son juzgadas por igual bajo éste criterio (por eso me pareció que Avatar era un hermoso churro mega-inflado). Y aunque no todas mis formas de entretenimiento predilectas serían dignas de premios al mejor guión, tiendo a fijarme siempre en el factor narrativo.

Creo que no necesito mencionar que lo mismo me pasa con los videojuegos. Aún en la época de los 8 bits, donde las justificaciones por las mil y un aventuras de nuestros héroes eran mínimas (o inexistentes en algunos casos), trataba de saber un poco más de ellos. Éste hecho nunca me detuvo de disfrutar como loco un Super Mario Bros 3 o un Contra, pero agradecí mucho que un Ninja Gaiden se presentara con una inovación de la época: los cinematics.

Es por eso que A Link to the Past y Super Mario RPG fueron un parteaguas para mí. Es por eso que en cuanto los descubrí, los RPG’s se volvieron mi género favorito. Es por eso que StarCraft se me hizo infinitamente superior a Age of Empires. Aún hay títulos que no he jugado pero cuyas historias me intrigan y conozco aunque no los haya acabado (como Resident Evil o Dead Space, porque soy un miedoso). En fin, que las buenas historias son un gran gancho para mí.

Ahora nos transportamos al 2007, donde Nintendo publica una obra maestra de juego. La tercera entrega de las aventuras propias de Mario en 3D (si, la tercera… cuéntele bien) hizo deleite de chicos y grandes y cerró con broche de oro un año que para el Wii había sido fantástico. Super Mario Galaxy llegaba como una reinvención del concepto de “juegos de plataforma”. Y vaya que lo logró.

Todos aquellos que lo jugaron recordarán que además del maravilloso gameplay, la magnífica banda sonora orquestada y los sorprendentes gráficos que exprimieron al Wii, el juego contaba dos historias. La cada vez menos creíble rivalidad de Bowser y Mario a mi parecer quedó de lado mientras descubría con gusto la que sería realmente la historia principal del juego: Rosalina y su observatorio estelar.

Para dar a conocer el origen de los personajes secundarios que éste título introdujo al sobrepoblado universo de Mario los desarrolladores presentaron de una manera elegante y sutil al diario de Rosalina. Un libro cuyas páginas irían reapareciendo conforme secciones del observatorio (y base de operaciones temporal de Mario) fueran reactivadas y que nos diría porqué ésta mujer y los curiosos lumas se encontraban circundando el universo. A través de bellas ilustraciones y diálogos sencillos   se desdoblaba frente a nosotros un relato cargado de sentimiento y mucho más complejo que lo que cualquiera esperaría de un juego del plomero más conocido del mundo. Fué una adición pequeña, pero con gran significado para mi y seguramente para muchos jugadores allá afuera. Después del buen sabor de boca que un juego tan completo te puede dejar, nos despedimos de Rosalina y sus simpáticos amigos sin saber cuando volveríamos a verlos.

No pasó mucho tiempo para eso. Hace tan sólo un mes la casa del señor Iwata lanzó Super Mario Galaxy 2, con la promesa de que superaría en todo aspecto al original. Una revisión con nuevos poderes, mejores retos en los planetas, soundtrack y gráficos a la altura y la adición de un viejo conocido logró superar una prueba que muchos creímos imposible y mucho más que eso, posicionándose claramente como uno de los candidatos fuertes a mejor juego del año en cuanto sitio y organización de internet que haga este tipo de evaluaciones. Nintendo lo volvía a hacer.

Sin embargo, la historia fué reducida a los elementos más básicos, presentes desde Super Mario Bros. para el NES: Bowser secuestra a la princesa, Mario pasa un montón de mundos hasta que la rescata. Hay varios enfrentamientos con la tortuga superdesarrollada y su hijo, pero nada argumentalmente elevado más allá del “me derrotaste, pero no vas ni a la mitad del juego así que sabes que ésto no es definitivo”. Para efectos de jugabilidad funciona a la perfección, pero en lo que respecta a la trama Mario Galaxy 2 es nulo. Hay explicaciones del porqué tienes que recuperar las estrellas e incluso una simpática nave estellar en forma de la cabeza de Mario, pero todo es meramente un trámite para hacerte pasar mundos. Mundos que no me importaría pasar sin explicación alguna pues son muy entretenidos.

Antes de que termine de contradecirme, quiero presentarles otro caso: Metal Gear Solid 4. Acreedor del título antes mencionado en un sinfín de publicaciones especializadas del medio en el 2008, éste juego lo tenía todo. Gráficos alucinantes, música de altísimo nivel, jugabilidad impecable. Pero además de todo eso, un argumento rico y complejo con muy buenas actuaciones que cualquier producción de hollywood envidiaría. Casi dos horas de animación añadidas al juego culminan una de las sagas más reconocidas de la industria con maestría y le añaden un valor extra que lo diferencía por años luz de esos clásicos juegos “mata mata” que inundan los anaqueles.

Quedando claro que ambos son grandes juegos, ¿podría señalarse a uno de los dos como mejor o peor que el otro por falta de historia? Compararlos directamente sería inútil, pues las bases son para empezar completamente distintas. Metal Gear seguramente desesperará a muchos jugadores que no están acostumbrados a moverse sigilosamente y usar las más discretas y letales tácticas de espionage, mientras que casi puedo apostar que CUALQUIER jugador encontraría a Super Mario Galaxy 2 encantador (lo he probado incluso con gente que no ha tocado una consola desde el Super Nintendo). Simplemente una de las eternas preguntas de la industria: ¿Dónde radica el mérito de un videojuego?

Para empezar siquiera a tratar de contestar ésto, una pregunta se alza casi inmediata e involuntariamente: ¿realmente se necesitan las historias? Llamo al estrado a mi siguiente testigo: Portal. Sin duda poseedor de una de las más originales y entretenidas mecánicas de juego de los años recientes, Portal pudo haber quedado tan sólo como una demo técnica, asombrosa pero intrascendente, de no haber sido por su historia. Lo que lo convirtió en un título de culto fué en gran parte la comicidad sádica del personaje antagonista, GladOS, y la atmósfera intranquila que con una buena cantidad de pequeños detalles la gente de Valve dotó a éste juego. El gameplay lo hizo un gran juego, la historia lo hizo un ícono. Pero la historia por sí sola no habría llegado tan lejos.

Por el otro lado tenemos a aquellos a quienes son los factores lúdicos los que los han convertido en referencias de sus géneros. Tanto Gears of War, Halo y God of War son nombres que todos hemos escuchado y que han sido laureados a su vez por su gran valor de jugabilidad, sus pulidos detalles y las inovaciónes tanto técnicas como jugables que representaron. No obstante, poseen unos tremendos guiones de película ochentera serie-B tan predecibles como Duro de Matar, donde lo único que tienes que hacer es aniquilar a cuanta cosa se te ponga enfrente por el lapso de unas 6 a 10 horas. Lamento aceptarlo, pero también éstos juegos me gustan mucho. Y no soy el único, pues se han constituido en verdaderos éxitos comerciales, con tres secuelas sobre la historia original y -exceptuando Gears – uno que otro spin-off. El dinero de los consumidores apunta hacia direcciones claras y aún cuando sus tramas sean menos complejas que lo que puede entender un niño de 5 años no se les puede despojar de todo mérito artístico. El diseño de personajes y ambientes, la música y estilo gráfico de todos esos juegos los hizo destacar por encima del montón.

Es cierto, para divertirse no se necesita una historia. Es algo que Nintendo sabe muy bien y que sin duda ha tomado como uno de sus estandartes para la batalla de la generación actual de consolas (y aún mucho antes). Sin embargo, un medio en pleno proceso de maduración como lo es el de los videojuegos (cuyo tamaño llegará este año al doble de la industria musical) no puede relegarse a una narrativa incipiente para siempre. No pido que todos los juegos estén llenos de drama y giros inesperados, eso sería fastidioso y monótono. Pero sin duda debe de haber una especie de evolución en ese sentido. Es como si el cine, que admiró a todo el mundo en su nacimiento mostrando esas increíbles “imágenes que se mueven” de digamos un señor bailando, siguiera mostrando sólo señores bailando en cada vez mejores resoluciones y mayor cantidad de cuadros por segundo gracias al poder de la tecnología. En una carrera que parecía olvidarse de la diversión en aras del poder técnico, Nintendo salió al quite y ahora todos han dado una vuelta al timón. Ahora fálta quien imprima velocidad en éste otro frente y con ejemplos como Braid y Heavy Rain, los cuales han tenido una muy buena acogida por el público, sabemos que esos quienes existen.

Y si. Muy a mi pesar, para ser uno de los mejores juegos de ésta generación, Super Mario Galaxy 2 definitivamente no necesita tratarse acerca de nada.