El pequeño robot que pudo

real steel atomEl domingo pasado fui a ver Real Steel al cine (Gigantes de Acero, una sorprendentemente no-tan-infame traducción). Sin esperar mucho realmente, pero vaya son peleas de robots gigantes y Hugh Jackman me cae muy bien (por Wolverine, de la misma manera que Ewan McGregor, por Obi-Wan). Me hallé una agradable sorpresa.

Primero, que la trama no es exactamente la del churro palomero clásico. Sigue muchisímos lineaientos hollywoodescos, pero logra convencer y el final es más sustancioso y menos gringo de lo que parecía que sería. Segundo, un muy buen soundtrack compuesto entre las piezas originales de Danny Elfman y canciones de Eminem (quien ya volvió a ser cool aparentemente) y Foo Fighters (ya era hora de que otro rock aparte del de Linkin Park acompañara robots destructores). Tercero, Evangeline Lily. Las actuaciones no brillaron precisamente, pero no hay mucho que reprochar. Al niño ese lo odié y lo amé por partes iguales, tal como sucede con los pre-adolescentes de la vida real así que creo que su papel fué representado al menos acertadamente. Y el “pequeño” Atom, el robot co-protagonista, es lo mejor sin duda. Partidario del lado mudo de los robots, talvez no tenga tanta personalidad como un Wall-e pero fácilmente se gana el corazón de la audiencia (en especial cuando está siendo bapuleado por una mole mecatrónica del doble de su tamaño). Una historia de conocimiento y superación personal de esas que te dejan un buen sabor de boca y que probablemente es más apta para la familia que, digamos, Cinderella Man.

El objetivo de ésta entrada, sin embargo, no es ni remotamente cercano a ofrecerles un punto de vista válido para considerar la película. No, mi dialéctica espera inclinarse hacia dos temas que si bien no son cruciales en la trama emergen varias veces entre las preguntas que la sociedad se hace hoy en día. De hecho, creo que son irresponsablemente dados por sentado, quizá porque la novela en que se basó la película fué escrita en los 50′s.

Primero, el mocoso titular resulta ser un genio de la tecnología y a nadie parece importarle. Además, sabe al menos un nivel básico de Japonés. Y sin embargo, desde hoy (y seguramente también para el 2020) una de las cuestiones más importantes que la niñez y la juventud enfrentará es la de alcanzar una buena educación, una que les permita explotar su potencial y ser de utilidad al género humano. Es cada día más obvio que los modelos clásicos perecen ante una comunidad cambiante y un mundo que se encogió (y se sigue encogiendo) significativamente después de internet. Nuevos esfuerzos e iniciativas estan naciendo por aquí y por allá, con resultados varios y propuestas interesantes. Espero que muchas (o al menos algunas) lleguen para quedarse y estoy convencido que los videojuegos (y los juegos en general) tendrán un papel importante en toda ésta transformación, si bien no en el sentido estricto en el que usamos el término.

El niño de la historia se volvió un experto en ambos frentes porque le resultaba divertido, porque había un sentido de propósito en todo ello. “Las versiones japonesas son las mejores” es el simple motor que le llevó a aprender japonés para disfrutar aún más de sus experiencias favoritas (me recuerda a una y mil otras historias conocidas). “Las peleas de robots son increíbles” es otra frase sencilla que encierra el cómo un pequeño puede volverse un programador de gran nivel a una muy corta edad. Ésto no se presenta de forma explícita, es sólo una escena en la que despues de no dormir por sólo una noche el jovencito logra cambiar radicalmente la interfaz de control de su robot adaptando piezas y sistemas de otros peleadores. ¡Esto es sorprendente! No se hace mucho aspaviento, lo cual a mis ojos fortalece la errónea idea de que “el que es genio es genio” y que ésta clase de habilidades está reservadas para unos pocos, que se adquieren por suerte y no por gusto ni esfuerzo. Sin embargo puede leerse entre líneas que si el niño sabe de todo ésto es simplemente porque las peleas de robots le encantan y no pudo más que sumergirse en el tema, aprendiendo una que otra cosilla en el camino. El aprendizaje apoyado en los hombros de la diversión y el gusto propio cobra una fuerza brutal, la misma fuerza que nos tiene preguntándonos porqué la mayoría de nosotros no puede recordar más de 5 artistas del renacimiento y sus obras pero recordamos a detalle el nombre y poderes de más 20 X-men, incluyendo cuantas veces hayan tenido que viajar en el tiempo para salvar al profesor Xavier y demás datos de similar grado de inutilidad.

Hay un peligro en querer convertirlo todo en un juego y para nada sugiero que ésta sea la panacea educativa. El ejemplo de la película es claro: el niño no ganaba puntos por cada línea de código que escribía y no competía con sus amiguitos de facebook (que espero ya no exista para ese año) por ver quien tenía mas puntos. La Gamificación es un fenómeno muy mal entendido y que empieza a asomarse como la nueva cara fea de los videojuegos. En la trama el niño aprendió porque el resultado era tanto divertido como importante y no se le tuvo que inculcar a base de fuerza, sino simplemente a base de darle las herramientas adecuadas y dejarlo ser. Algo Montessoriesco, si se me permite elaborar semejante palabreja, y efectivo cuando sabe utilizarse. Si la industria y la educación saben inclinarze por el lado correcto, el éxito es casi garantizado.

Segundo, me agrada cómo en la película se trata un tema que ya nos es muy común gracias a las toneladas de ciencia ficción que día a día nos inunda: las máquinas contra la humanidad. Estamos acostumbrados a ver que triunfa el humano porque se contrapone a la máquina, a que el corazón es más poderoso que el procesador. Y es muy cierto, incluso si nos viéramos en términos completamente prácticos, como sistema estamos a años luz en lo que respecta a la complejidad si nos comparamos con nuestras creaciones. En ésta historia, sin embargo, se aprecia el otro lado de la moneda: ¿que pasa si se suman el corazón y la computadora? El potencial del hombre elevado a niveles insospechados gracias a la tecnología. Un robotillo humilde con no exactamente los mejores avances, sino los mínimos que le permiten ser una extensión del humano, retando a la más maravillosa máquina de pelea jamás antes creada. Una pieza tecnológica que hace más humano a su operador. En una época en que los celulares, las computadoras portátiles, las consolas de videojuegos y nuestros estilos de vida en general nos alienan más y más de nuestros congéneres, éste no deja de ser un mensaje fuerte. Atrevo a añadir a dicho mensaje mi propia (y muy debatible) opinión: la tecnología debe tener como meta el convertirnos en mejores personas, no en permitirnos hacer exactamente lo mismo que ya hacíamos con menos esfuerzo. En cuanto al desarrollo tecnológico se refiere, “más fácil” nunca debería ser el objetivo, sino sólo una consecuencia.

Sólo me resta decir que si ya la vieron me gustaría escuchar su opinión y si no se las recomiendo ampliamente.

 

“Cualquier sociedad…”

Últimamente me he encontrado con cierta frasesilla en varios espacios de opinión pública masiva (redes sociales, en concreto) que los abanderados del nuevo PRI decidieron tomar como uno de sus múltiples estandartes en su nueva campaña de “les prometemos ahora sí portarnos bien”. Dicha frase es:

Cualquier sociedad que renuncie a un poco de libertad para ganar un poco de seguridad no merece tener ninguna de las 2 cosas.

-Benajamín Franklin

Muy cierto, pero creo que los últimos capaces de hacerse de semajantes gritos de guerra son ellos. ¿No fué bajo el régimen del PRI que todos los narcos y demás delincuentes se colaron hasta las barbas en la administración pública? ¿Acaso no “todo estaba bien” mientras dejáramos a los criminales hacer lo que quisieran “por debajo del agua”? No nos engañemos, éstas alimañas ya habían vendido nuestra libertad (los criminales eran tan impunes como hoy) por un poco de seguridad (todo tranquilo, mientras acates las órdenes). Sólo que no nos habíamos querido dar cuenta.

Hoy en día, en que el presidente en turno realiza una muy desafortunada y pésimamente fundada guerra contra el crimen organizado (vivo en Chihuahua, sé de lo que hablo), es cuando sale nuestra realidad a relucir. No apoyo ni a un lado ni a otro en ésto, para mi propia mala suerte soy más apolítico de lo que debería. Pero me parece una hipocresía de lo más terrible que la vieja guardia ahora se autoproclame defensora de la libertad del pueblo. En fin, más atole con el dedo para la época pre-electoral.

Disclaimer: Un post político aqui??? Lo sé, pero no todo son jugabilidades e historias bonitas para un servidor.

Acid Trip Runner

Bit trip runnerDesde hace un rato le traía ganas a la saga de Bit Trip. Había leído bastantes maravillas del trabajo de Gaijin Games y sus juegos no podían apelar más a mis gustos: gráficas retro, excelente banda sonora y gameplay basado en el ritmo. Y sin embargo no fué hasta ahora que el Grillo vino casi a forzarme a probar el título de Runner que me di el tiempo y la oportunidad de checarlo. Debí haberlo hecho mucho antes.

Bit Trip Runner nos lleva controlar al Commander Video (el mono ultra simplificado a su derecha, posible pariente o dueño del infame Nyan Cat) en su interminable carrera, dando saltos, patadas y maromas diversas par evitar los mil y un obstáculos que se interponen entre el y la meta de cada escenario. En teoría se oye sencillo, con una premisa de videojuego de 1981 (motivación? en mis épocas no necesitábamos motivación para acabar un juego) y un estilo inspirado en la misma época. Pero no se engañen, detrás de su amistosa y pixelada faz se esconde una endiabladamente difícil aventura que despojaría de su paciencia al mismo Job (tal como en 1981!).

De entrada, hay un giro interesante: no controlamos del todo el movimiento de nuestro personaje. De hecho, el mono corre sólo y siempre hacia la derecha, hasta topar con pared/enemigos/obstáculos diversos/abismos sin fondo. El jugador sólo puede controlar cuando saltar, agacharse y otras monerías similares. ¿Un juego de plataformas donde NO controlas el movimiento del protagonista? Ésto está destinado al fracaso! O más bien, no. El corazón del juego, verán, radica en el ritmo, no en el control. A pesar de las apariencias, el juego comparte más aspectos con Guitar Hero que con Super Mario Bros o Megaman o su plataformero favorito.

El cambio de paradigma es sencillo y abrumador, puedes no percatarte al principio pero no estás jugando más que un Rock Band sin guitarrita, con un mono saltarín en lugar de discos coloridos en pantalla. Talvez sí es un poco más, yo me atrevería a llamarlo un Reverse Guitar Hero. Como bien sabrán, en los juegos como el de Harmonix las piezas musicales ya existen y en teoría son bien conocidas por quienes juegan. Dichos jugadores disfrutan de la experiencia de sentirse más cercanos a sus artistas favoritos al digitar ciertos botones a tiempo con la música que oyen, ayudados por pistas visuales correspondientes – una versión simplificada de la ejecución real de una pieza musical-. En Bit.Trip.Runner la creación musical se da en vivo, y las pistas visuales pasan de simples auxiliares a ser el punto del juego. Todas y cada una de las actividades de nuestro valiente comandante suceden en ritmo, a tiempo o contratiempo pero dentro de un claro esquema musical. El hecho de que saltes cráteres y patees cristales espaciales es meramente incidental y el mismo juego hace burla de ello, pues al siguiente nivel cambia los meteoritos por pilas de cajas o tubos de drenaje o cualquier otra cosa aleatoria. Si no bastara con eso,  los demás elementos gráficos funcionan como una eficiente distracción, convirtiendo a éste en un juego que no sólo no se preocupa porque no termines la pieza musical en turno, se empeña afanosamente en que no lo hagas. Voltear el concepto de cabeza y ejecutarlo de una manera tan pulida hace de Bit.Trip una saga original y muy divertida, al igual que frustrante.

Parte importantísima de dicha frustración está embebida en la recolección del oro regado por cada nivel, otro factor que hace del diseño de Bit Trip Runner algo quasi-maquiavélico. Si bien completar los mundos del título ya es una hazaña en sí, ahora tomar todas y cada una de las pequeñas e inútiles piezas doradas que están colocadas en los lugares más molestos eleva el reto exponencialmente, al igual que tus puntos. Una hábil tentación a tu codiciosa y perversa naturaleza humana para la que tener más puntos significa ser mejor, a pesar de que te cueste reiniciar ochenta veces el mismo nivel. Sin deseos de discutir el porqué de los scores y su relevancia en el mundo gamer y en los intrincados procesos en los que nuestro cerebro incurre día a día, sólo puedo decir que fungen de cereza en éste proverbial pastel de pseudo-8bits.

No dejen de checarlo si tienen oportunidad, Gaijin recién lo publicó para PC y Mac para que los que no posean un Wii ya no tengan excusa. Yo creo que pronto me haré de los demás episodios, espero no contraer epilepsia en el proceso de disfrutarlos.

Limbo – Review

Limbo gameEl juego indie más esperado del año. Laureado por doquier y con un trailer de lo más enigmático, no podía darme el lujo de pasarlo por alto. Después de mi curiosa aventura en las profundidades del bote de la basura pude dirigirme a la PSN y hacerme de Limbo.

De entrada, el estilo gráfico lo pone muy por encima del promedio. Es impactante, en partes iguales terrorífico e inquietante. Es imposible dejar de pensar que algo está mal y que muy probablemente no deberías estar ahí. Si hubiéramos de describir Limbo con una sólo palabra, sería intranquilidad. El juego muy pocas veces te permite estar en paz. Si no es la araña gigante son las sierras eléctricas o los nativos, pero todos los elementos trabajan en conjunto para consolidar el concepto. Y lo logran bastante bien, pues tanto el apartado artístico como los diferentes momentos en la “historia” e incluso el gameplay se ven involucrados en mantenerte al filo del asiento. Éste último es ridículamente sencillo, pues se reduce a caminar, saltar y “accionar” cosas como jalar cajas o activar máquinas – la sección de controles en las opciones de configuración es más bien una broma que un menú -, pero con trucos pequeños como el hecho de ver tu capacidad de dirigir al personaje limitada por la repentina invasión de un parásito cerebral el juego cobra trascendencia más allá del plataformero común.

Limbo es uno de esos juegos en los que las “áreas grises” del mismo lo enriquecen en lugar de ir en su demérito. Nunca sabes porqué estás ahí, ni quien éres, ni cual es tu motivación para atravesar por todas esas peripecias. Sólo sábes que en éste decadente escenario donde has sido puesto todo intenta matarte (y es sumamente exitoso en hacerlo). Como los buenos cuentos de terror o suspenso, muchos agujeros son dejados a propósito para que el lector/jugador los llene con su propia imaginación y termine viviendo una experiencia más personal y talvez más fuerte que la que el propio autor plantea. Se siente como un juego inspirado – más no basado – en los relatos de Cortázar o los trabajos de JJ Abrams.

limbo spiderLa primera parte es sin duda mi favorita. Está llena de ingenio, los retos son simples pero no por ello te animan a seguir sin titubear a cada paso, sabiendo que la muerte está siempre muy cerca y que puede presentarse de sorpresivas y variadas formas. Requieres de pensar un poco “fuera de la caja” para hallar tu camino por la jungla. Por todo el juego realmente, pero esta fue la parte que me pareció más genuina. No hay pistolas de portales ni máquinas del tiempo, sólo hay cajas, cuerdas y botes y nada más es necesario para verse inmerso en el mundo de Limbo. Después el juego empieza a escalar la dificultad y empieza a mostrarse un poco forzado y frustrante. Si bien no pierde muchos puntos en el ingenio requerido para diseñar y resolver los acertijos, siento que el nivel de autenticidad si deciende un poco.

15 dólares me parece un precio bastante justo por ésta obra de Playdead. No dejen de checarla si tienen la oportunidad, pues es otro de esos claros ejemplos de cómo la rama indie de la industria del videojuego tiene mucho para darnos.

Feliz Día Internacional del Falso Profeta

wolf in sheep's clothingYa a todo le andan inventando su día internacional. Que del internet, que del paletero, que del embarazo psicológico, qué se yo. Por los hechos ocurridos recientemente, yo propongo que bauticemos al 21 de mayo como el día internacional del falso profeta. Ustedes saben, esos mercachifles de la fe que de una u otra manera engatuzan a cuanto incauto se deje y montan un circo de grandes proporciones como el que hoy tomó lugar.

Ya en palabras seria, me da mucha pena por lo ocurrido. Ya ni siquiera por la gente que se vió involucrada, ni por el sujeto que lo empezó todo. Ni siquiera voy a poner un link o una referencia a su organización por respeto al blog y a ustedes, al fin y al cabo TODO el internet se hará cargo de hacer un escarnio que no creo que nos corresponda.

Es triste más bien porque la iglesia no tiene una buena presencia mediática para nada en éstas épocas. No se engañen, soy creyente pero repruebo toda esta clase de conductas sensacionalistas que en primer lugar ni siquiera obedecen a lo escrito en la Biblia. Y ahora con tanto ateo sin fundamento ni ideología pero con mucho espacio por llenar de palabras por internet no espero nada bueno de éste episodio.

Es muy cierto que la iglesia no está para complacer a la opinión pública, y en muchas ocasiones haremos cosas que la gente ajena considera locura. Pero la iglesia también está para demostrar el amor de Dios al mundo, no condenarlo hasta el cansancio y montar ridículos tan tremendos basados sólo en las ocurrencias de algún viejo.

Lo que debemos hacer es luchar por tener una iglesia cuya presencia en la red no sea una molestia, sino una bendición. No es fácil, pero tampoco imposible.