Aquí está, como fue prometido, la segunda parte de mi pseudo-análisis a lo que ha pasado durante la quinta generación de videojuegos – la cual ha resultado ser todo un circo -. Presentando a otro de los gigantes del medio:
Sony
“It only does everything” La frase mercadotécnica que acuñaran para promocionar a la última bestia tecnológica que habían producido sirve perfectamente como ejemplo de la actitud que Sony mostró al iniciar la generación. “¿Les gusta la potencia del Xbox 360? Nuestra máquina hace llorar al xbox”. Prometiendo las perlas de la virgen en cuestión técnica, la compañía japonesa le colgó todos los milagros posibles a la tercera iteración de su exitosa consola. El Cell processor y el BluRay andaban en boca de todos los fanboys de playstation (la gran mayoría sin entender un comino de lo que hablaban), tratando de demostrar cómo su consola predilecta haría trizas a las demás por pura fuerza bruta. Sony le apostó a la potencia gráfica y de procesamiento, como ya lo había venido haciendo, sin salirse de la bella y graciosa cajita en la que la opinión pública y los “conocedores” habían encerrado al progreso de los videojuegos. No propusieron nada más que hacer lo mismo de siempre, pero mejor. No se les puede culpar del todo, viniéndo de un éxito tan rotundo como lo fuera Playstation 2 era natural que se sintieran los amos y señores de la función. Por eso decidieron que la suya fuera la consola más cara (probablemente de la historia), porque era la más poderosa y bien lo valía.
Pero como bien dijera mi abuela: “Las cosas caen por su propio peso”. Muchas de las promesas de Sony se vinieron abajo muy pronto y el inicio de la carrera fué un trago amargo para la compañía. El primer desengaño cayó cuando, en sus épocas mozas, los juegos se veían exactamente igual que en Xbox 360. Las compañías aseguraban que programar para la compleja arquitectura paralela del aparato no era nada sencillo y que para explotarla al máximo se requerirían de varios intentos y algo de tiempo. Contrastante con las promesas de Kaz Hirai, quien pretendía que PS3 era el pináculo de la tecnología humana y que pronto desplazaría a cualquier oro aparato como fuente de entretenimiento total e infalible. El otro grave error fue la falta de franquicias significativas. Contaron con la fortuna de que Metal Gear Solid 4 (una de las obras maestras de la generación) no se bajara del barco de la exclusividad, pero más allá de ése hubo pocos títulos que realmente le dieran peso y distición y que la hicieran digna de una inversión inicial tan significativa. Se sentía como un 360 más caro y negro.
De hecho, pronto se hizo secreto a voces el hecho de que Sony pierdía y sigue perdiendo dinero por cada uno de éstos aparatos que vende. Es decir, hacer los dichosos aparatos les sale más caro que el ya desorbitante precio que les habían puesto de entrada. Aunque sus costos de manufactura se han reducido también lo ha hecho el precio de la consola, pues nadie estaría dispuesto a pagar 600 dólares por una aparato que hace casi lo mismo que uno de 200 (a menos que estuviéramos hablando de Apple y sus fanáticos religiosos). “El modelo de negocio no es sustentable” pensaría el emprendedor novato. Nada de eso señorito. Playstation 3 jugó un papel importante en otra guerra de proporciones mayores.
Si recuerdan, por allá del 2006 se estaba definiendo quién sería el nuevo estándar de distribución de media digital – en otras palabras, el sucesor del DVD- : HD-DVD o Blu-Ray. Toshiba por un lado y Sony por el otro, ambos luchaban desesperadamente por establecer su formato propietario como el único a usar. Quien resultara ganador se vería enormemente beneficiado por las licencias y demas legalidades en que las compañías se verían involucradas al querer utilizar su producto, y recordemos que hasta ahora la distribución de información -películas, música y juegos principalmente- en formato físico sigue siendo una apartado masivo en lo que respecta a la industria del entretenimiento (aunque la tendencia nos indica que podría pasar a segundo lugar en no mucho tiempo). Ambos se hacían de aliados por aquí y por allá, pero por un momento la batalla se estancó y parecía que llegarían a un desgastante war of attrition en el que pocas empresas quieren verse involucradas. Sin embargo, dos jugadas estratégicas de parte de Sony inclinaron la balanza a su favor: apoyar a la industria del entretenimiento para adultos (que es mucho más poderosa de lo percibido) e incluir un reproductor de Blu Ray “gratis” en cada PS3. En esas épocas, un aparato que sólo reprodujera Blu-rays podía llegar hasta los 1000 USD, cuando por 500 podías adquirir un PS3 “austero” que tenía esa capacidad y muchas más, entre las cuales se encontraba jugar videojuegos. Con Playstation como una marca reconocida entre los videojugadores se hicieron de una tajada considerable del mercado, a costa de una pérdida no tan grave en comparación. Al final Blu-Ray ganó y la arriesgada apuesta de Sony pagó sus buenos dividendos.
Por allá de los mediados de la generación, Playstation despertó. De repente los buenos juegos y los títulos de renombre empezaron a ser publicados. Por fin llegaron las exclusivas que todo mundo esperaba desde que lanzaron el sistema: God of War 3, Final Fantasy XIII (principal razón por la que me compré mi propio PS3), Killzone 3, etc. Además de eso, nuevas franquicias con algo diferente que aportar vieron la luz, teniendo como estandarte de batalla al pequeño Sackboy. Nunca jugué Little Big Planet, pero su premisa me parece de lo más interesante. Abordó de manera magistral una de las tendencias principales del entretenimiento moderno: darle el poder al consumidor. Miles de videos de youtube en los que el jugador promedio dejaba de ser tan “promedio” y producía minijuegos (o hasta juegos completos) de gran calidad e ingenio -pasando por todos los remakes de todos los juegos posibles, en una especie de biblioteca de babel del videojuego- brotaron como la espuma. Como siguientes testigos llamo al estrado a InFamous, que es el mejor juego de superhéroes que he jugado jamás, y a Uncharted, el sucesor espiritual de Tomb Raider que ha sido laureado por doquier. Así hay otros tantos títulos más que le dieron a Playsation 3 el empuje que tanto necesitaba.
Para la segunda mitad el panorama cambió favorablemente y Sony volvió a su complejo de superioridad, con un poco más de cartas en la mano. Nació Kevin Butler y su discurso del E3 del año pasado inspiró a más de un nerd hasta las lágrimas. Pero no podían decepcionar a su historial de malas desiciones e ingenuamente decidieron ingresar al mercado del videojugador casual y los controles enfocados en sensores de movimiento 4 años tarde. A diferencia de Kinect y como ya nos tiene acostumbrados Sony, Playstation Move no proponía absolutamente nada nuevo. Sólo suponía ser un control de Wii ligeramente más sensible que controlaba juegos de mejores gráficas. Perdieron una de las más grandes oportunidades que se les había presentado: casar los nuevos esquemas de control con juegos para videojugadores “expertos”. Optaron por apelar a un mercado que Nintendo ya tenía cautivo desde hace mucho tiempo, sin ofrecerles algo diferente pero sí más caro. Era de esperarse que el proyecto fracasara como lo ha hecho hasta ahora, talvez en el futuro enmiende su camino.
La otra rama de la empresa, la portátil, ha tenido también sus altibajos. PlayStation Portable se limita a ser un super ultra gameboy, con juegos que se ven impresionantemente bien para algo de ese tamaño. Eso y un stick análogo bastante funcional que Nintendo tuvo que copiar para su nueva consola portátil. Tiene una sección considerable del mercado en sus manos, aunque DS fué la total e indiscutible ganadora del rubro. No conozco mucho de sus juegos (por ser un Nintendo fanboy en rehabilitación), pero uno de ellos lo considero una pena total al no estar en una consola mayor: Final Fantasy Dissidia. Es uno de los más divertidos juegos de pelea que haya podido tocar: su mezcla de géneros tan dispares resulta un éxito inesperado. Si estuviera en PS3 lo jugaría día y noche, como en su ocasión me sucedió con Smash Brothers Brawl. Para ser su primera incursión en mundo de las portátiles, PSP es un buen contendiente. Claro que también existió un buen descalabro, en la forma del PSP Go. Talvez se adelantó un poco a su tiempo, talvez requería de más apoyo. El punto es que nadie quiso una consola enteramente sin discos y si no ha muerto muy pronto lo hará.
El último gran notición llegó apenas el mes pasado, y vaya que hizo temblar a la empresa japonesa. Si son videojugadores o aficionados de la tecnología no hay manera en este mundo que no hayan escuchado del ataque del que fué presa la PlayStation Network, el canal de distribución digital y plataforma de multijugador en línea de Sony. No sólo significó que uno que otro geek no pudiera divertirse jugando con sus amigos en línea, sino que comprometió la información de tarjetas de crédito de decenas de miles de clientes. Fué tan grave la intrusión que Sony decidió que sería mejor apagar por completo el servicio hasta que algun arreglo fuera encontrado, lo cual tardó más o menos un mes. Aún no se sabe si la red de Playstation es segura de nuevo, por lo pronto el gobierno Japonés no se anda por las ramas y ha decidido no permitir que sus servicios vuelvan a funcionar hasta que la amenaza haya sido demostrablemente erradicada. Ya se han reportado casos de fraudes crediticios relacionados y aun cuando el robo de números de tarjetas no es nada nuevo, no deja de ser duro para la imagen de la empresa que su compromiso con la seguridad de sus clientes sea tan severamente cuestionado. Algunos decían a principios de la generación que al optar por una red gratuita (contrario al modelo de Xbox Live) Playstation estaba ejecutando una movida ejemplar. Ahora, más de uno se cuestiona si una red mejor patrocinada pudo significar la diferencia entre ser completamente hackeados o tener seguridad de mayor nivel.
No se pierdan la siguiente parte del artículo, donde hablaré de mis favoritos (pero no por ello obviaré sus errores). Ahí nos leemos!
