Mario Galaxy 2 no se trata de nada

Soy un amante de las historias. Mis libros favoritos son las novelas y los cuentos y mientras más llenos estén de personajes complejos y tramas inteligentes son mejores a mi parecer. Series de televisión, películas y caricaturas son juzgadas por igual bajo éste criterio (por eso me pareció que Avatar era un hermoso churro mega-inflado). Y aunque no todas mis formas de entretenimiento predilectas serían dignas de premios al mejor guión, tiendo a fijarme siempre en el factor narrativo.

Creo que no necesito mencionar que lo mismo me pasa con los videojuegos. Aún en la época de los 8 bits, donde las justificaciones por las mil y un aventuras de nuestros héroes eran mínimas (o inexistentes en algunos casos), trataba de saber un poco más de ellos. Éste hecho nunca me detuvo de disfrutar como loco un Super Mario Bros 3 o un Contra, pero agradecí mucho que un Ninja Gaiden se presentara con una inovación de la época: los cinematics.

Es por eso que A Link to the Past y Super Mario RPG fueron un parteaguas para mí. Es por eso que en cuanto los descubrí, los RPG’s se volvieron mi género favorito. Es por eso que StarCraft se me hizo infinitamente superior a Age of Empires. Aún hay títulos que no he jugado pero cuyas historias me intrigan y conozco aunque no los haya acabado (como Resident Evil o Dead Space, porque soy un miedoso). En fin, que las buenas historias son un gran gancho para mí.

Ahora nos transportamos al 2007, donde Nintendo publica una obra maestra de juego. La tercera entrega de las aventuras propias de Mario en 3D (si, la tercera… cuéntele bien) hizo deleite de chicos y grandes y cerró con broche de oro un año que para el Wii había sido fantástico. Super Mario Galaxy llegaba como una reinvención del concepto de “juegos de plataforma”. Y vaya que lo logró.

Todos aquellos que lo jugaron recordarán que además del maravilloso gameplay, la magnífica banda sonora orquestada y los sorprendentes gráficos que exprimieron al Wii, el juego contaba dos historias. La cada vez menos creíble rivalidad de Bowser y Mario a mi parecer quedó de lado mientras descubría con gusto la que sería realmente la historia principal del juego: Rosalina y su observatorio estelar.

Para dar a conocer el origen de los personajes secundarios que éste título introdujo al sobrepoblado universo de Mario los desarrolladores presentaron de una manera elegante y sutil al diario de Rosalina. Un libro cuyas páginas irían reapareciendo conforme secciones del observatorio (y base de operaciones temporal de Mario) fueran reactivadas y que nos diría porqué ésta mujer y los curiosos lumas se encontraban circundando el universo. A través de bellas ilustraciones y diálogos sencillos   se desdoblaba frente a nosotros un relato cargado de sentimiento y mucho más complejo que lo que cualquiera esperaría de un juego del plomero más conocido del mundo. Fué una adición pequeña, pero con gran significado para mi y seguramente para muchos jugadores allá afuera. Después del buen sabor de boca que un juego tan completo te puede dejar, nos despedimos de Rosalina y sus simpáticos amigos sin saber cuando volveríamos a verlos.

No pasó mucho tiempo para eso. Hace tan sólo un mes la casa del señor Iwata lanzó Super Mario Galaxy 2, con la promesa de que superaría en todo aspecto al original. Una revisión con nuevos poderes, mejores retos en los planetas, soundtrack y gráficos a la altura y la adición de un viejo conocido logró superar una prueba que muchos creímos imposible y mucho más que eso, posicionándose claramente como uno de los candidatos fuertes a mejor juego del año en cuanto sitio y organización de internet que haga este tipo de evaluaciones. Nintendo lo volvía a hacer.

Sin embargo, la historia fué reducida a los elementos más básicos, presentes desde Super Mario Bros. para el NES: Bowser secuestra a la princesa, Mario pasa un montón de mundos hasta que la rescata. Hay varios enfrentamientos con la tortuga superdesarrollada y su hijo, pero nada argumentalmente elevado más allá del “me derrotaste, pero no vas ni a la mitad del juego así que sabes que ésto no es definitivo”. Para efectos de jugabilidad funciona a la perfección, pero en lo que respecta a la trama Mario Galaxy 2 es nulo. Hay explicaciones del porqué tienes que recuperar las estrellas e incluso una simpática nave estellar en forma de la cabeza de Mario, pero todo es meramente un trámite para hacerte pasar mundos. Mundos que no me importaría pasar sin explicación alguna pues son muy entretenidos.

Antes de que termine de contradecirme, quiero presentarles otro caso: Metal Gear Solid 4. Acreedor del título antes mencionado en un sinfín de publicaciones especializadas del medio en el 2008, éste juego lo tenía todo. Gráficos alucinantes, música de altísimo nivel, jugabilidad impecable. Pero además de todo eso, un argumento rico y complejo con muy buenas actuaciones que cualquier producción de hollywood envidiaría. Casi dos horas de animación añadidas al juego culminan una de las sagas más reconocidas de la industria con maestría y le añaden un valor extra que lo diferencía por años luz de esos clásicos juegos “mata mata” que inundan los anaqueles.

Quedando claro que ambos son grandes juegos, ¿podría señalarse a uno de los dos como mejor o peor que el otro por falta de historia? Compararlos directamente sería inútil, pues las bases son para empezar completamente distintas. Metal Gear seguramente desesperará a muchos jugadores que no están acostumbrados a moverse sigilosamente y usar las más discretas y letales tácticas de espionage, mientras que casi puedo apostar que CUALQUIER jugador encontraría a Super Mario Galaxy 2 encantador (lo he probado incluso con gente que no ha tocado una consola desde el Super Nintendo). Simplemente una de las eternas preguntas de la industria: ¿Dónde radica el mérito de un videojuego?

Para empezar siquiera a tratar de contestar ésto, una pregunta se alza casi inmediata e involuntariamente: ¿realmente se necesitan las historias? Llamo al estrado a mi siguiente testigo: Portal. Sin duda poseedor de una de las más originales y entretenidas mecánicas de juego de los años recientes, Portal pudo haber quedado tan sólo como una demo técnica, asombrosa pero intrascendente, de no haber sido por su historia. Lo que lo convirtió en un título de culto fué en gran parte la comicidad sádica del personaje antagonista, GladOS, y la atmósfera intranquila que con una buena cantidad de pequeños detalles la gente de Valve dotó a éste juego. El gameplay lo hizo un gran juego, la historia lo hizo un ícono. Pero la historia por sí sola no habría llegado tan lejos.

Por el otro lado tenemos a aquellos a quienes son los factores lúdicos los que los han convertido en referencias de sus géneros. Tanto Gears of War, Halo y God of War son nombres que todos hemos escuchado y que han sido laureados a su vez por su gran valor de jugabilidad, sus pulidos detalles y las inovaciónes tanto técnicas como jugables que representaron. No obstante, poseen unos tremendos guiones de película ochentera serie-B tan predecibles como Duro de Matar, donde lo único que tienes que hacer es aniquilar a cuanta cosa se te ponga enfrente por el lapso de unas 6 a 10 horas. Lamento aceptarlo, pero también éstos juegos me gustan mucho. Y no soy el único, pues se han constituido en verdaderos éxitos comerciales, con tres secuelas sobre la historia original y -exceptuando Gears – uno que otro spin-off. El dinero de los consumidores apunta hacia direcciones claras y aún cuando sus tramas sean menos complejas que lo que puede entender un niño de 5 años no se les puede despojar de todo mérito artístico. El diseño de personajes y ambientes, la música y estilo gráfico de todos esos juegos los hizo destacar por encima del montón.

Es cierto, para divertirse no se necesita una historia. Es algo que Nintendo sabe muy bien y que sin duda ha tomado como uno de sus estandartes para la batalla de la generación actual de consolas (y aún mucho antes). Sin embargo, un medio en pleno proceso de maduración como lo es el de los videojuegos (cuyo tamaño llegará este año al doble de la industria musical) no puede relegarse a una narrativa incipiente para siempre. No pido que todos los juegos estén llenos de drama y giros inesperados, eso sería fastidioso y monótono. Pero sin duda debe de haber una especie de evolución en ese sentido. Es como si el cine, que admiró a todo el mundo en su nacimiento mostrando esas increíbles “imágenes que se mueven” de digamos un señor bailando, siguiera mostrando sólo señores bailando en cada vez mejores resoluciones y mayor cantidad de cuadros por segundo gracias al poder de la tecnología. En una carrera que parecía olvidarse de la diversión en aras del poder técnico, Nintendo salió al quite y ahora todos han dado una vuelta al timón. Ahora fálta quien imprima velocidad en éste otro frente y con ejemplos como Braid y Heavy Rain, los cuales han tenido una muy buena acogida por el público, sabemos que esos quienes existen.

Y si. Muy a mi pesar, para ser uno de los mejores juegos de ésta generación, Super Mario Galaxy 2 definitivamente no necesita tratarse acerca de nada.

El Tomate – Episodio 15

Tarde pero sin sueño, llega el nuevo episodio del tomate

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Avatar vs. Brave New World

[Micro-disque-review pre-post- Hace muy poco tuve el buen tino de leer gracias a varias recomendaciones de mis amigos Brave New World (también conocido como Un Mundo Feliz) de Aldous Huxley, un clásico de la ciencia ficción y una bella y espeluznante definición de una sociedad distópica. Ahí donde 1984 cuestiona al concepto mundano del amor y destaca el poder de la información, Brave New World desmenuza las bases de la moral y el deseo intrínseco y empedernido que tenemos por encontrar la "felicidad" a toda costa. Un libro sencillo de rápida lectura que seguro los hará reflexionar y los divertirá por igual.]

Dentro del universo creado por Huxley los seres humanos sólo se preocupan por ser “felices”. Felices entre comillas pues lo que realmente buscan es satisfacer todos sus deseos sin prácticamente ningún miramiento moral o ético. Con la tecnología de su lado, han logrado que la comodidad, el hedonismo y el conformismo sean la bandera que los guíe hacía un vacío y agradable futuro.

Uno de sus adelantos que los hace sentir más orgullosos son los “feelys”. Salas donde todos sus sentidos son excitados a la vez con aromas, sensaciones táctiles, sonidos e imágenes que acompañan alguna historia cuya trama es meramente una excusa. En éstos lugares la gente se reúne a pasar un muy buen rato y relajar su ya amodorrado cerebro. Una experiencia puramente sensorial que no deja lugar a tramas intrincadas o personajes memorables o alguna otra de esas barbaridades. La crítica del autor a tales prácticas se hace obvia cuando a uno de los “salvajes”, quien no había disfrutado de las maravillas de la civilización y que había aprendido a leer gracias a su fortuito encuentro con un ejemplar olvidado de las obras de Shakespeare, le resulta repugnante la única ocasión que visita dicha forma de entretenimiento.

Lo curioso es que algo similar sucede con Avatar. Antes de que empiecen a arrojarme piedras y a rasgar sus vestiduras, déjenme explicarme (aunque no hay mucho que aclarar realmente). La última producción de James Cameron es sin duda una oda a los sentidos. Es una hermosa visión de otro mundo que parece más sacado de los cuentos de hadas clásicos que de las obras de ciencia ficción modernas. Y ayudada por una sala 3D IMAX la pelicula fácilmente logra asombrarnos por más de dos horas mientras vemos como los Na’vi recorren y luchan por su bello planeta Pandora. Sin embargo, en el nivel más básico la película es tan boba y simple que resulta imposible pasar por alto tal hecho.

En los hombros de una premisa interesante que pudo ahondar en la escencia del ser y los profundos dilemas éticos que ciertos desarrollos tecnológicos conllevan se paró la trillada y un millón de veces probada historia del amor prohibido. El cien millonésimo Romeo y Julieta, Pocahontas a la octava potencia. Como si a Hollywood le hiciera falta una más de éstas mega-producciónes de personajes de molde y guiones de librito de texto.

Que quede muy claro que no soy un ogro amargado. La película me encantó y siento que vale cada uno de los pesos que pagué por verla. No deberían dejar pasar la oportunidad de verla en el cine porque es fantástica en muchos aspectos. En el apartado gráfico es de lo mejor que se ha visto en décadas. Pero lo que quiero hacer notar es el peligro latente que bajo esta clase de películas aparece: La glorificación de la forma por encima del fondo, el encantamiento que producen las cosas fáciles. Muchos andan por allí ensalzando a Cameron y pregonando la película como la mejor de todos los tiempos. Pero ni Cameron me parece tan loable (ni original) ni la película digna de TODOS los loores que le cuelgan. Andarla candidateando para mejor película en la entrega de los óscares que le corresponde me parece muy similar al premio Nobel de Obama. Se sabe que el hombre es admirable y tiene muchos méritos, pero no era ese el reconocimiento que se ha ganado.

Es justo y necesario ir de vez en cuando al cine a apagar el cerebro por unos momentos, pero no podemos permitirnos el hecho de que nuestros gustos se diluyan al punto de sólo querer cosas digeridas y prefabricadas. No me precio ser un crítico de arte ni mucho menos (soy fan de Star Wars y por lo general me aviento todos los churros veraniegos) pero creo que mi advertencia está bien justificada. Igual, vayan a verla (si no lo han hecho ya) que está muy padre y ya ustedes se podrán hacer su propia opinión.

El Tomate – episodio 4

Otra semana que pasa, otro nuevo episodio del tomate

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Transformers 2 – es genial

Mi fuerte no es hacer análisis de películas, pero realmente quería comentar algo más acerca de ésta película que el clásico Transformers RULZ!!! (el cual ya tuvo su hogar en twitter). Es buenísima!!! Bueno, no es material del festival de Cannes pero creo que ustedes me entienden. Antes de comnezar les diré que talvez puedo spoilearles cosas importantes, así que lean bajo su propio riesgo.

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