Bien dicen que “el que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse“. Siento que llevo haciendo éste mismo post de despedida desde que empecé a estudiar por acá. Que si al año, que si el semestre pasado porque ya terminé los créditos. Al fin que ya éste no se siente tan emotivo desde el punto de vista ajeno por todos los que le preceden.

Desde el punto de vista personal, sin embargo, es el más rudo. Ahora si me voy. Ahora no soy de los que pueden relajarse como el observador cercano -mas no protagonista- y que puede hilar mil y un reflexiones desde su cómoda posisión. Ahora la despedida es para mí, y no va a ser nada fácil dejar de ver a los amigos tan buenos y tan geniales que hecho por acá. Algunos ya se fueron, otros me verán partir a mí, a todos se les extrañará genuina y entrañablemente. Es cierto que gracias a la era tecnológica en la que vivimos las despedidas son mucho menos definitivas y que uno nunca sabe si la próxima semana o el próximo mes o el próximo año uno volverá a ver a los amigos que creyó imposibles de alcanzar, pero los adioses nunca dejan de ser nefastos.
El día de hoy me paro de nuevo frente al umbral de lo desconocido, frente a un futuro incierto que de pronto perdió su terrible máscara y que se muestra como un mundo entero de posibilidades que esperan ser arrastradas hacia la realidad. Cuando aprendes que hay espacio para el error, que las fatalidades que tejes en tu mente son mucho menos fatales de lo percibido, la perspectiva cambia sustancialmente.
El 20 de junio regresaré a mi querido Chihuahua, esta vez no sé por cuanto tiempo, expectante de lo que Dios tenga dispuesto para mi vida y las de los que me rodean. Por lo pronto puedo prometer cambios en el blog, necesito desempolvar mi escueto conocimiento de CSS y demás herramientas de diseño y qué mejor manera de hacerlo que con mi juguete favorito de la web: éste blog. Éso y alguna que otra sorpresa que pueda (o no) tener bajo la manga.
Nos vemos en tierras aztecas!!!