Aprovechando el mes tan futbolero que hemos tenido (y uno en el que les ha ído excelente a las selecciones de nuestro país, para variar), me permito compartir con ustedes ésta anécdota que poco tiene que ver con lo que publico usualmente por aquí, pero que sin duda es simpática y tierna hasta los huesos.
Hace unos años, cuando aún contábamos con un equipo semi-local en Chihuahua (los Indios de Juárez, pero pues todo el estado se acoplaba), se disputó un partido de demostración entre éste y los Diablos Rojos del Toluca. Era cuando los indios eran todavía una promesa por romper y cuando los diablos… bueno, los diablos no se qué les dan de comer pero nunca parecen tener rachas malas, así que el partido aseguraba una tarde/noche llena de emoción y deportivismo sano.
Grillo, Álvaro y yo íbamos con la misma disposición de disfrutar de un encuentro que no resultó muy notable pero no por ello poco entretenido. Yo ya he perdido mucho del gen futbolero, pero el ambiente del estadio siempre terminará siendo más grande que tu y en el momento menos pensado ya te estás desgañitando al son de un bote de basura convertido en tambor improvisado. De entre la gran variedad de gritos, uno de ellos se hacía presente con una frecuencia elevada. Si eres mexicano lo conoces. Lo que se grita cuando el portero visitante (en éste caso, el del Toluca) despeja el balón desde su portería – un sinónimo un poco subido de tono para homosexual, si de plano no saben de lo que estoy hablando -.
Entre la agraciada concurrencia, unas dos filas arriba de nosotros, un niño pequeño – de no más de cinco años, calculo- y su padre disfrutaban igualmente del juego. El señor iba con una máscara de luchador y su playera de indios. El niño notó que la afición se ponía siempre de acuerdo para su grito singular, aunque no lograba darle pies ni cabeza al mismo. Con toda la inocencia le preguntó a su papá:
Oye papi, ¿Qué es lo que gritan todos?
El hombre, con la sabiduría del búho y los reflejos del gato se fabricó una gran respuesta:
Fútbol, mijo. Gritan FUTBOL!!
No cabe duda que algo importantísimo para ser un buen padre es tener una buena imaginación. El niño siguió gritando FÚTBOL!! toda la velada, y nosotros nos fuimos con un buen sabor de boca.
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