Entre el medio y el lejano oriente

Hoy día nos encontramos a la mitad de nuestro viaje mágico cómico y musical. Anchorage es la sede del congreso internacional de robótica y automatización de la IEEE (mítica institución ingenieril) y nuestra base de operaciones actual. Aunque más que base de operaciones resultó nuestro refugio, pues hasta el día de nuestro arrivo al continente americano todo había sido traqueteo y frenesí sin fin. A continuación, la breve reseña de la primera parte del viaje:

Doja, Qatar

El otro país rico del medio oriente que nadie conoce. Aquí sólo pudimos estar en el aeropuerto por las siguientes simples razones: Necesitamos visa para entrar. Es de las que se tramita y paga al llegar al país pero el otro factor, el poco tiempo que teníamos para trasbordar, no ayudó en tomar la desición de ingresar al país. Sumado a eso que la gente del aeropuerto nos dijo que no había nada que ver cerca y que sólo valía la pena si nos quedábamos al día siguiente le desición de no abandonar la terminal estuvo automáticamente tomada.

Lo gracioso de Qatar es que ellos si aprovechan su “arabicidad” para comerciar y crear incluso productos que la reflejen o la parodien en forma graciosa. Una gorra hecha de la tela de las gutras (turbantes) y una taza con forma de la cabeza de algún jeque medio-oriental son pruebas más que contundentes de que los qatarís se toman la vida con un poco más de humor que nuestros amigos saudis.

Hong Kong, China?

China tiene regiones administrativas especiales. No son estados de la república popular, sino entidades políticas independientes con embajadas y gobiernos que no terminan de ser tampoco un país completo. Hong Kong es un ejemplo de eso y aunque me arriesgue a ser llamado ignorante reconozco que no lo sabía hasta la semana pasada. Después del susto de creer que había perdido mi cartera (con mi visa norteamericana dentro) y de haberla recuperado nos dirigimos al famoso Nathan Road, en la región de Kowloon.

Para ser precisos, Hong Kong está dividido en tres secciones. Kowloon es la parte continental, donde se encontraba nuestro nada envidiable hostal donde por milagro cupimos 5 personas en un cuarto para dos. Las corretizas empezaron, pues en cuanto llegamos nos picó el mosquito de comprarnos una cámara fotográfica semiprofesional de una vez por todas. Los aparatos electrónicos tienden a ser más baratos allí que en muchos países (teniendo siempre que cuidarse de lo excesivamente barato, pues es muy fácil que te engañen como a un chino y caigas en las garras de la piratería) y la oportunidad parecía ser la correcta. El primer día nos lanzamos a la búsqueda de las cámaras, sin frutos más que la sed de investigar acerca de los modelos y sus ventajas y con unas buenas pinceladas de la version occidentalizada de China. Por más que me gustaría mostrarles esas imágenes, las fotos de Hong Kong se las voy a deber por lo pronto porque no tengo como pasarlas de mi cámara (de una de ellas al menos).

El segundo día empezo muy temprano y nos llevó a la isla de Lantau. Ese es el hogar de 3 importantes centros turísticos: el aeropuerto (de hecho por ahí fué que llegamos, y es nada menos que el aeropuerto más grande del mundo), disneylandia (si, también hay uno en Hong Kong) y el área de los templos budistas que cuenta con la estatua de Buda al aire libre más grande del mundo (esas fotos sí que merecen exposición, próximamente las subiré). En un extenuante recorrido realizado en su mayoría a pie y bajo la lluvia conocimos varios templos chinos y la mencionada estatua, que no dejó de impresionarnos ni un sólo momento. El regreso fué lo más divertido, pues un teleférico que cruza la montañosa isla nos  alzó a alturas insospechadas y através de las nubes que se formaron tan cerca de la tierra que por algunos momentos entraron a nuestro carro. Nuestros cansados pies se vieron obligados a soportar una nueva incursión a las tiendas de electrónicos, para no comprar nada áun. Después, de nuevo al hotel.

Macau, China.

Macau es la otra region administrativa especial. Si Hong Kong era la colonia inglesa del oriente, Macau era la portuguesa. Es por eso que los bizarros letreros en chino, inglés y portugués pululaban las calles y edificios públicos y nos confundían aún más de lo que ya estábamos.

Para llegar tomamos un ferry que tardó hora y media en hacer su recorrido. Ya en Macau nos enteramos de boca de Paulo, un curioso y un tanto perverso chino-portugués que se ofreció a darnos un tour por la ciudad a cambio de una cantidad no tan pequeña de dinero, que la atracción principal de la ciudad eran sus casinos. Un rápido ascenso a la torre de Macau, una enorme estructura que recordara a la space needle de Seattle, nos ayudó a ver que Las Vegas del oriente cuenta con las clásicas estructuras extravagantes y las secursales de los más famosos centros de juego como el MGM o el Venetian, el cual fue nuestra última parada en la isla después de un templo budista y una catedral quemada. Unos cuantos giros de las máquina tragamonedas y un delicioso caldo de res con noodles nos despidieron de Macau pocos minutos antes de tomar el ferry de regreso.

Hong Kong, China

El cuarto día fuimos a Hong Kong. De hecho, nunca habíamos pisado Hong Kong propiamente hasta ese día, a pesar de lo que el ojo no entrenado pueda creer. La ciudad de Hong Kong es más o menos como un New York en chino. Rascacielos imponentes y centros financieros regados por todas partes, conquistando el terreno que le pertenecía a la montaña hace centenas de años. Como muestra de su ostentosidad, los edificios localizados en la parte costera que da hacia Kowloon realizan un espectáculo musical de luces cada noche, halaganado la pupila de los visitantes. Uno de los participantes es el edificio donde Batman hiciera sus monerías en su más reciente aventura y capturara a un fraudulento contador chino.

Vagamos un rato por el centro y nos encontramos con las centrales de varios bancos importantes. Es curioso, pero en Hong Kong hay más de un emisor oficial de billetes y los dólares hongkonguenses emitidos por HSBC son diferentes a los de Standard Chartered y a los de otro banco cuyo nombre no recuerdo, aunque igual de válidos. Para finalizar nuestro recorrido tomamos un tranvía a la cima de la ciudad, donde una torre se alza como el mirador del vasto complejo urbano de la antigua colonia inglesa.

Antes de acabar un ajetreado día y recoger nuestras maletas del hostal volvimos a las tiendas de electrónicos. Ésta vez hicimos nuestras respectivas compras, y yo terminé con una Canon Rebel T2i que me ha estado divirtiendo a horrores y que me ha convertido en un artista de la fotografía casí por arte de magia. Bueno, no realmente, pero la calidad de las fotos que toma esta cosa es impresionante. Ya las verán pronto cuando hable de la siguiente parte del viaje, la cual comienza en un lugar simplemente mágico: Tokyo.

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2 Responses to Entre el medio y el lejano oriente

  1. okis que bueno que alaska ha sido su refugio, pero se que si tuvieran oportunidad de volver a vivir lo narrado aqui, lo harian sin pensarlo, DIos los siga bendiciendo y los regrese con bien hasta Kaust nuevamente.

  2. Así es amiguito… bienvenido al extraño mundo de las Relaciones Internacionales, donde cada Estado tiene un sin fin de peculiaridades (seguro que si un árabe o chino viene a México se queda igual de anonadado que ustedes en su vuelta por aquellos rumbos)… Cómo la ves que Hong Kong es parte de China? Salieron Capitalistas estos Socialistas no? Ja ja ja ja…. y pues oficialmente Taiwán o China Taipei también es de la República Popular (aunque no se los digas a los taiwaneses porque se agüitan je je)… sólo que ellos son una “Provinica Rebelde”…
    Vato… que bueno que tienes esta oportunidad, sinceramente creo que es un privilegio y un regalo de DIOS…. disfruta cada momento en tu viaje y que DIOS TE BENDIGA :P

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