Preparados o no, el tomate arrivó.
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Preparados o no, el tomate arrivó.
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De alguna manera u otra, el tomate ha llegado
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Nunca tuve un Master system, ni mucho menos un Génesis, un Saturno o un Dreamcast. Apenas y usé un Playstation y por algúnos momentos esporádicos un amigo me prestó su PS2. Y ni hablar del xbox o el 360. Pero hoy, después de 23 años y medio de lealtad, apoyo, sufrimientos y alegrías al pormayor he decidido romper mi exclusividad con Nintendo.
El principal culpable es Final Fantasy XIII. El juego que la mitad del mundo gamer esperaba desde el mismísimo anuncio del E3 de aquel lejano 2006. ¿Vale la pena comprarse todo un sistema por tan sólo un juego? Ya lo creo que no, pero mi argumento es que realmente sólo necesitaba una excusa para pasarme al “lado pscuro“. Para quien sea que conozca un poquito de la situación actual de la industria de los videojuegos es más que obvio que el ambiente se ha polarizado y quien posea sólo un Wii o sólo una consola de alta definición se está perdiendo de la mitad de la fiesta. Ya había más de un título al que sólo le había visto el polvo y las excelentes críticas y hasta ahí, porque mi humilde amiguito no tiene la potencia suficiente. Para nada me quejo del Wii, me ha proporcionado horas y horas de diversión y tiene juegos excelentes que sin la necesidad de poseer las más increíbles gráficas del mundo resultan sumamente entretenidos.
Por el simple hecho de cambiar. Por la curiosidad de ver “que se siente tener un playstation”. Porque el catálogo de juegos de PS3 ahora está poblado de más que suficientes títulos que no sólo merecen la pena checar sino que han llegado a ser catalogados como un “must have“. Porque su precio es la mitad del que tuvo en su lanzamiento. Para nada me jacto de ser un gran analista de mercados (ni siquiera uno pequeño), pero en ésto de la ridícula Guerra de las Consolas creo que apliqué la estrategia correcta. En lugar de defender una compañía y sus productos a capa y espada y sin mayor arsenal argumental que decir “los que juegan al Wii son gays” o “los que tienen un PS3 son emos” como miles y miles lo hacen en el internet lo que deberíamos hacer es juzgar a cada propuesta por sus propios méritos y favorecer a la mejor. Playstation 3 inició tarde, caro, pobre y lento. A pesar de contar con la máquina más poderosa entre sus competidores y un hermano menor considerado hasta hace poco como la consola más exitosa de todos los tiempos, en Sony simplemente el asunto se les fué de las manos y en sus dos primeros años de vida la historia del PS3 fue desastrosa. En mi humilde opinión, no se podía decir que tener un Playstation 3 era una buena idea hasta mediados del año pasado, justo después del lanzamiento de Little Big Planet cuando pareciera que la cosa hizo snap. Es por eso que a mi juicio el mejor movimiento era comprar como primera consola de ésta generación un Wii, que inició fuerte, con buenos títulos y mejores ventas. Ahora que el desarrollo de juegos para la cajita blanca de Nintendo se ha desvirtuado tanto, es pertinente tener otra opción (aunque con Metroid, Mario Galaxy 2 y un posible Zelda éste año parece traer vida nueva a los videojugadores de hueso colorado que tengan un Wii).
En fin, que tengo un Playstation y ya me voy porque toca estrenarlo.
Pásele güerita, lleve su tomate de la semana!! Continue reading
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Después de unas vacaciones auto inflingidas, sorpresivas e involuntarias, vuelvo al blog para deleitarlos con las mil y una piñaventuras que vivo por acá. Para ustedes mi fieles lectores, la siguiente entrada:
A juzgar por el título, talvez pensarán que ést0 es el preámbulo de un reality show barato de esos a los que la televisión moderna nos tiene tristemente acostumbrados. Y sin embargo, el guión de ésta historia es tan bizarro y cómico que pareciera sacado de uno de los anteriormente mencionados bodrios del entretenimiento.
Todo comienza teniendo en cuenta el background: Ya antes habíamos tenido un concierto, el cual fué un escándalo total por la poca prudencia de los que eligieron hacerlo muy cerca de la mesquita principal del campus en horas de oración en pleno Ramadán. Reconocerán una combinación explosiva si saben un poco al respecto. Por lo mismo, las presentaciónes en vivo fueron prácticamente aniquiladas (la gravedad del asunto se sintió más fuerte como para sólo decir “canceladas”) y no se volvió a hablar del tema más que entre los círculos más selectos durante el semestre pasado. La sombra de una primera impresión fallida se cernía sobre nosotros, pero si algo nos caracteriza a los chicos KAUST es ser necios y aferrados, así que durante el período de invierno lo volvimos a intentar.
El artífice mayor detrás del plan fué el niño prodigio Erick Martin, cuyo blog es sumamente recomendable (un punto de vista gringo pero no por eso desmerecedor de la honorable institución en la que nos encontramos). Para el evento de bienvenida del semestre de primavera tendríamos un concierto con un invitado especial que hizo las delicias de nuestro enero del año pasado al ser el creador de una pieza musical tan curiosa como From Jeddah to LA (hip hop con algo de árabe, imperdible). Además, los estudiantes podríamos participar con nuestras propias bandas y rockear con los estudiantes como si no hubiera un mañana.
Sólo con los estudiantes, cualquier otro tipo de persona tenía el acceso estrictamente prohibido al recinto donde se realizara la fiesta, en el edificio de conferencias. No photos, no videos, no problemo. El hermetismo con que se llevó a cabo éste concierto nos da una clara muestra de que aún cuando KAUST trata de mostrarse “de nuestro lado” teme por la opinión pública de un reino que apenas y puede comprender el concepto de educación mixta. Como ya pudo darse cuenta el astuto lector, es por eso que en esta entrada no hay ni habrá fotos de lo que pasó ese día.
Aprovechando mi posición extraoficial en el campus como baterista comodín logré no sólo estar en una sino en dos bandas para la tocada. Esa noche sería una llena de mezclas en el siempre bizarro y entretenido mundo mágico de Hogwarts la universidad del rey Abdullah:
¿Cómo llamarían a una banda de mexicanos tocando una canción de Coldplay, versión tropical (véase Buena vista social club), con un instrumento medio-oriental? Yo no lo llamaría jazz fusión (no estamos ni un poquito cerca de llegar a tal grado) pero sin duda no es una mezcla común. Un bajista (angelín), un tecladista (xtho), una cantante (Samara) y un percusionista de cuarta es lo que bastó para armarse de valor y entonar frente a los aproximadamente 100 estudiantes que acudieron al llamado y que se mostraron encantados de tener algo en sus agendas que resaltara después de un ligeramente caótico periodo de conferencias y más conferencias aleatorias. Siguiendo fielmente el fenómeno del “pueblo chico…”, mejor conocido en la contemporaneidad como el efecto de Big Brother, el público respondió a las mil maravillas pues ver a algunos de tus colegas hacer algo completamente distinto dispara de inmediato el asombro y la algarabía. Así, tras un desempeño no tan envidiable (pero más que excelente para el poco tiempo que tuvimos de ensayo) nos bajamos al canto de OTRA, OTRA!! Bueno, se bajaron. Yo me quedé para el siguiente round.
En ésta ocasión la mezcla era de nacionalidades. Es más fácil saber que apelativo poner a una banda de rock alternativo integrada por un canadiense, un belga-americano, un jordano-americano, un alemán, dos filipinos, un palestino y un mexicano (yo le pondría el de chiste y esperaría la presencia del mítico Don Cacahuate o de perdida de Pepito). Respaldados por el encanto que produce un saxofón bien tocado y unos arreglos sencillos pero macizos puedo decir que esa interpretación también fué un éxito. Después de nuestro pequeño repertorio dejamos el escenario para darle paso a la estrella de la noche: Qusai y Jeddah Legends.
Ahí lo estrambótico estuvo en el concepto: ¿un rapero saudi que incluye árabe en sus letras? Algunos lo llamarían un mal viaje y yo no lo creería si no lo hubiera visto. Resulta que en un lugar con una doble moral tan marcada como Saudi el hip hop es un género muy favorecido y detrás de sus batas (thobes y abayas) se esconde el próximo Snoop Dog. Ahí escuchamos de nueva cuenta el éxito anteriormente mencionado (con sus adiciones pertinentes a la letra tales como “…from KAUST to LA…”) y otros más que desconocimos pero que hicimos nuestros siquiera por las dos horas que duró su participación.
Al final la gente se avalanzó sobre los pocos discos que Qusai llevó para vender, sobre el único vestigio de la noche en que olvidamos nuestra jaula de oro y nos transportamos a la versión más conservadora y tergiversada de Los Ángeles que el mundo ha visto. La noche que para muchos sería un parteaguas, la noche del concierto en KAUST.