Con ésta lección celebro la oportunidad que tengo de hacer ahora que estoy en mi país un montón de cosas pecaminosas y sucias para los árabes como ir al cine o comer tocino de cerdo. Hay muchas cosas consideradas haram en Arabia Saudita, pues su gobierno es teocrático y la ley por excelencia es la que contiene la Sharia. No se permiten el alcohol ni las drogas, pero fumar tabaco de sabores es el hobby nacional por excelencia. Hay secciones en los centros comerciales donde no se les permite estar a los hombres solteros. La mayoría de las actividades sociales está separada por géneros, incluyendo a la educación lo cual hace de nuestra institución de estudios algo bastante polémico.
La población sin influencias políticas ni económicas está sometida bajo un régimen muy estricto donde muchos aspectos de su conducta son vigilados por la policía religiosa. La otra pequeña y privilegiada parte, constituida en su mayoría por la familia real y los altos mandos de Saudi Aramco, tiene acceso a prácticamente todos los placeres mundanos conocidos. Lo de Arabia Saudita es un caso severo de doble moral.
En fin, que por lo pronto estoy disfrutando de los encantos de occidente pues el viernes regresamos para allá y ya será tiempo de volverse a dedicar a los estudios, con sus necesarias y furtivas escapadas.
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