Hace unos dos mil años, el hijo del carpintero Jose llegó a éste mismo paraje. El bautista, con su rústica túnica de piel de camello, su tez gastada por el sol y su garganta incansable al hablar del arrepentimiento, le estaba esperando. Ya antes había hablado de uno que vendría, uno a quién él no era digno siquiera de desatar la correa de sus sandalias. Pero éste era el momento y el lugar designado. Un hombre de 30 años, parado en ese río, empezaría la jornada que culminó en el cambio más grande que la historia de la humanidad ha tenido jamás. El plan de redención de Dios. Jesús bautizado en el río Jordan.

El Río Jordan
El poder que embiste a éste lugar queda simplemente fuera de lo que mis diminutas palabras puedan empezar a dislumbrar. Y sin embargo, era el más sencillo de todos. Tras una negociación fallida y con 7 dinares menos en los bolsillos entramos al rústico y solitario complejo turístico. Der ser jordanos sólo habríamos pagado un dinar pero, pensándolo bien, de ser jordanos no nos hubiera interesado ir allí. Para los musulmanes no es más que un riachuelo que los divide de su muy odiado pero temible enemigo, el estado israelí (o la porción ocupada de Palestina, según sea su punto de apreciación).
Desde el otro lado, los judíos ven un afluente cuyo peso histórico es incuantificable. Ahí fuera donde los doce espiás regresaran con las noticias de la tierra que fluye leche y miel, donde Josué detuviera el flujo de las aguas para cruzar junto con toda la congregación, días después de despedirse de Moisés para siempre, hacia la tierra que le fuera prometida por Dios a Abraham muchas generaciones atrás. Es fácilmente apreciable su valor para los hijos de Jacob, pues tan sólo a unos metros del río existe un portentoso aunque pequeño edificio donde orgullosa ondeaba la estrella de David y que inferimos era el equivalente a las veredas y postes que visitábamos del lado islámico. Mi foto con dicha construcción existe, pero el poco sentido común que tengo aún me alcanza para saber que subir mi sonriente imagen con el emblema israelí detrás no pasaría indiferente por éstos lares.
Para muchos de nosotros, sin embargo, ese humilde río significa aún mucho, muchísimo más. Tuvimos la oportunidad de visitar el lugar exacto donde Juan el Bautista bautizara a Jesús y éste diera inicio a su ministerio. El lugar donde el Espíritu Santo se posara sobre su cabeza en forma de paloma y la resonante voz del Padre desde el cielo dijera “Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”. La sensación es indescriptible.

El sitio del bautismo de Jesus
La visita incluye a un guía quien en su modesto inglés nos explicó como en tiempos antiguos se desviaba el curso del río artificialmente para crear un abrevadero en éste lugar, clausurado en alguna ocasión perdida entre las múltiples conquistas y ejércitos que han pasado por aquí. Algunas partes del mismo fueron reconstruidas por frailes de distintas denominaciones cuando se volvió a ubicar su localización, así como también se edificó una catedral de la iglesia griega ortodoxa y las endebles guías para que el turista sepa llegar a los puntos importantes.

El mapa estilo bizantino del sitio del bautismo de Jesús

Panorámica del sitio del bautismo, desde otro punto de vista
Algunos lamentarán el hecho de que un lugar como éste se encuentre “en manos de los musulmanes”. Yo me detuve a pensar un poco. Al tratarlo con una austeridad que raya en la indiferencia el sitio del bautismo se mantiene en un estado casi virgen, óptimo para aquellos que buscan saborear el rico contenido espiritual que cada paso en las riveras del Jordán evoca. Mi muy humilde y personal reflexión me llevó a pensar que talvez, de tenerlo los cristianos “bajo control”, más de uno de esos detestables mercachifles de la fé haría su agosto y el increíble lugar que acabamos de visitar estaría tan corrupto como aquél templo que los comerciantes convirtieran en una cueva de ladrones, según las propias palabras de Jesús (Mateo 21:13). Si ese fuera el caso, para mí no habria problema en encaragárselos por otro rato.
El final del recorrido es el mismo río Jordán. Un pequeño muelle se construyó para poder palpar sus aguas y tener una historia más que contar al regreso. Guardias con poderosas armas resguardan el sitio, pues no deja de ser una frontera incómoda de la cual se permita perder la vista. Aún así, resulto tener mucho menos seguridad de la que podría imaginarse uno si su única fuente de información son las paranóicas transmisiones de los medios de información tradicionales. No nos quedaba más que bajar al río, tomar la foto del recuerdo y contemplar a 3 metros laa nación que un sello en nuestro pasaporte nos impide visitar y desde la cual tampoco podríamos volver fácilmente a tierras saudi. Así lo hicimos y era ya la hora de partir, con el corazón aún lleno de emoción y con el mismo rumbo que lleva el agua pues nuestra siguiente parada (y última del día) era el Mar Muerto, y pretendíamos llegar antes del atardecer.
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gloria a Dios que pudiste visitar esos lugares que te llevan a materializar los recorridos de nuestro amado Señor, y no solamente a imaginarlos al leer la palabra, supongo que debe ser indescriptible la emociòn que sentiste al recorrer y darte cuenta que esta intacto, gloria a DIos que lo han “ignorado”, porque de no ser asì ya serìa un complejo turistico de esos que acostumbran las grandes cadenas hoteleras, Dios te permita seguir recorriendo tantos lugares como sea posible, Dtb.