Hace unos 11 años, en una primaria de Veracruz, los directivos y maestros organizaron una elección para que los niños comprendieramos mejor los procesos políticos que llevan a nuestro querido país a la democracia. Cada grupo de sexto grado organizaría una planilla, nombrando a sus candidatos a presidente, diputado y senador si mal no recuerdo.
Así se formaron los diferentes partidos, identificados sólo por un color. Nosotros éramos el partido naranja, y así había azul, rojo, amarillo y tantos colores como salones hubiera. Nos preparamos y nombramos a los candidatos.
El primero era Manuel Alejandro, un chavillo que tenía bastante pegue entre el niñerío. Siempre un tanto precoz y aprovechando su carisma, había tenido ya algunas “novias” y era bastante simpático. Él era el candidato a senador.
El segundo era Luis Humberto. Bastante bien reconocido entre la chamacada por ser uno de los cracks de la primaria, su habilididad futbolística le precedía y su popularidad era casi automática. El era el candidato a presidente
El tercero era yo. Sin mayor presunción, mi buen record de calificaciones me certificaba como nerd y me otorgaba un cierto nivel de respeto. Y aparte de eso buena onda, guapo y sobre todo modesto. Yo era el candidato a diputado.
Una vez establecida la terna, la campaña se empezó a gestar en los cuarteles improvisados que representaban nuestras casas con nuestros asesores igual de inexpertos, nuestros padres. Después de que los planes se trazaron, sólo restaba esperar al día señalado para que comenzara el show.
Durante la campaña, lanzamos bolsas de palomitas con tiras de color naranja desde el tercer piso del edificio de salones, mientras los demás estudiantes se agolpaban para alcanzar a quedarse con alguno de los paquetes. Todo el salón participó repartiendo paletas heladas y haciendo relajo, mientras nosotros ibamos muy trajeados visitando salón por salón y haciendo nuestro tour alrededor de la escuela, asegurándonos de decirle a cada niño que votara por nosotros. Entre regalos y promesas, la jornada termino exitosamente.
Al día siguiente fueron las votaciones y tras un cuidadoso conteo resultamos ganadores. Fué así como terminó el simulacro electoral en nuestra primaria.
No se ustedes, pero yo creo que entendimos el aparato político mexicano A LA PERFECCION.
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buff…ni que decir, mejor ejemplo no podrias haber dado, a mi/nosotros me toco verlo en la secundaria, era el mismo principio, dar regalos para mantener felices a las masas; buen relato, espero me recuerdes, Reneboy, te di una paliza en el Smash de 64, jejeXD y lo volvería hacer; buen blog, no lo había checado pero me voy a dar vueltas mas seguido por aquí.
más bien diría que es todo el aparato político. el siguiente link viene al caso: http://corcholat.com/$A1a