Space Invaders Get Even

Si la venganza es un plato que sabe mejor si se come frío, los Space Invaders disfrutarán de un banquetazo en este 2008.

Después de chorrocientos mil treinta años de hacer su primera aparición en escena, los invasores alienígenas más famosos están de vuelta. Y no para ser masacrados como en aquella ocasión, sino para darle una lección a esos necios terrícolas.

Taito lanzará este año (al menos en Japón) este nuevo juego para WiiWare que promete mucho desde el concepto y que parece tener un gameplay bastante divertido. Aquí está el sitio oficial del juego (en japonés, pero no importa mucho si no saben) con un trailer y videos del juego en acción (para verlos, vayan a la sección de “Get even” y después en “Game system”).

[Visto en WiiFanboy]

La primera vez que te dijeron “señor”

¿Recuerdas la primera vez que un niño se te acercó, bajo la situación que fuere, y se dirigió a tí como: señor? Algo así como ¿oiga señor, me puede decir que hora es? o sus equivalentes como ¿oiga maestro, me puede ayudar?

Es un momento impactante para muchos de nosotros. Derrepente cae sobre tí el peso de los pocos o muchos años que tengan.

Es cierto que desde el punto de vista de un niño, alguien empieza a ser viejo desde, digamos, los 17 años. Pero no deja de ser divertido analizar la situación. Es algo que puede reafirmar nuestro sentimiento de autosuficiencia al estilo “ya soy niño grande y uso calzoncitos” o que al contrario nos puede impulsar a tratar de hacer lo posible por hacernos ver más jóvenes. O puede no significar nada, según sea el sujeto.

Creo que es uno de esos puntos en los que nos detenemos para volver la vista atrás y ver la senda que nunca se ha de volver a pisar, y reflexionamos un poco sobre nuestras vidas. Esto claro, en mucho menor escala que cuando te gradúas, te casas o tienes un hijo. Porque muchas veces, la primera vez que un niño te dice señor, tu acabas de dejar de ser niño.

Mente gamer

No, no es una foto de un servidor

Durante esta semana se está realizando en mi iglesia un evento para niños en el cual yo he estado a cargo del sonido y demás cosas “técnicas” que puedan salir por ahí. Cada día se presenta una pequeña obra al comenzar y al terminar las actividades, con diálogos que grabamos y editamos con anterioridad. Les platico esto porque me sucedió algo gracioso relacionado a dicha situación.

Hoy, media hora antes de salir, nos encontrábamos con que el diálogo de la obra de clausura del día requería de hacer una pausa para permitir que los personajes salieran de escena y volvieran a entrar (cosa que no estaba contemplada en la grabación). La encargada de la presentación de las obras le dió entonces las siguientes instrucciónes a uno de los adolescentes que nos ayudaría:

Mira, cuando los chavos salgan de escena, tu vas a entrar con un letrero que dice “Una semana después”, cuando salgas asegúrate de brincar hacia la parte de atrás del escenario para que el encargado del sonido (un servidor) te vea y sepa en qué momento deben volver a escucharse los diálogos.

A todo esto el chavo asentía con la cabeza y parecía estar listo para su sencilla encomienda. Pero había un problema: había un PSP entre sus manos; el juego era FIFA Street 2 y el sujeto mostraba cierta destreza en el mismo. Si me preciaba de conocer a esta subespecie humana llamada gamer, sabía que este muchacho no tenía ni la menor idea de lo que le acaban de decir.

Lo comprobé por diversión propia por seguridad, pues minutos antes de la obra le recordé: tienes que avisarme de alguna manera que ya saliste del escenario. A lo que él respondió: ¿Porque?

Me reí para mis adentros y no le reclamé porque a mi me sucedió lo mismo una buena cantidad de veces. En fin, debemos estar concientes de lo que hacemos antes de que, tal como nuestros padres lo profetizaron, esos jueguitos nos sorban el ceso.

8 Robot Masters

Navegando a la par de los mares de la nostalgia que traen en Capcom, en un rato de ocio me puse a hacer este wallpaper con el arte oficial de los robot masters de la cuarta aventura de Megaman para NES que lanzaron en honor a la nueva iteración de la serie. Este juego me trae muy buenos recuerdos porque fué el primer megaman que tuve en mi posesión, espero que les guste.

Click para agrandar

*Las mismas especificaciónes que con los del smash

[Imágenes obtenidas de Gamesradar y Corcholat]

Despedida

No es la mejor manera de despertar. Después de una mala noche en la que la tos pareciera tener voluntad propia, presionar el pequeño botón de talk a las 10 de la mañana ya era algo molesto. Oí a mi tío con una voz apesadumbrada, esa que trae las malas noticias. El “¿cómo estás?” era tan sólo parte de un protocolo inútil que ambos obviamos:

-¿Dónde está tu papá?

-En la iglesia

-Le estoy hablando a su celular y no contesta…

-Pues a veces no se lo lleva

Nada.

-Se murió tu abuelo…

En mi garganta se formó un nudo al que sólo pudo escapar un angustiado “¿Qué?”. Le hablé a mi papá, pero no tuve el valor para decirle, así que sólo le insté a que hablara con mi tío. Mis ojos se volvieron tan pesados que ni siquiera pude mantenerme despierto tras ese impacto.

Recuerdo haber soñado algo durante mi pequeña siesta, pues desde que regresé de Oklahoma suelo soñar más seguido. Cuando volví a despertar, de golpe vino a mí el clásico pensamiento de quizás todo fué un mal sueño, pero pronto murió sofocado por un pesar común, el pesar de una realidad que no queremos.

Mi abuelo Raúl era un sujeto admirable, es una de las pocas personas con la que me atrevo a usar ese adjetivo. Fué un hombre de muchas luchas, y de muchas victorias. De ir en contra de todas las posibilidades, de crecer en un pueblito de Oaxaca y correr en calzones tras los perros a convertirse en superintendente de petroquímica de Pémex. Un hombre inteligente, que se sabía así mismo inteligente, y que sabía usarlo no sólo para su propio provecho, sino para todos aquellos quienes le rodeaban. “Inteligencia y buena política…” me dijo alguna vez para aconsejarme, “…y llegarás hasta donde quieras“. Lo sabe porque él lo hizo.

Tuvo sus errores, caídas graves que el tiempo se encargó de cobrar. Y aún cuando gente de la familia (e incuso alguno de sus hijos) le dió la espalda, de mi papá sólo aprendimos a quererlo, a respetarlo, a óirlo con atención cuando nos hablaba de sus cacerías y sus plantas de azufre. Yo sé que es por eso que hoy mi papá tiene paz, porque siempre le demostramos cuánto lo amábamos cuando aún era tiempo.

Mientras escribo ésto vienen a mi cabeza miles de historias que vivimos juntos el viejo y yo, pero no pienso escribirlas por temor a corromperlas con burdas letras (talvez algún día lo haré, pero será sólo para no olvidarlas).

Nos veremos de nuevo, abuelito, cuando Dios así lo quiera…