Acá en el norte de México es una época airosa en la que nos encontramos, en estos finales de marzo/principios de abril el viento ha mostrado una pequeña porción de su furia contra nuestros peinados, ahora desechos, y nuestros carros, cubiertos de polvo. Pero no es del clima de lo que quiero hablar.
Para comenzar, me permitiré relatar algo que me sucedió el domigo pasado. Llegué a la escuela (si, a la escuela en domingo) con la noble intención de continuar trabajando en un proyecto de una de mis materias del semestre, el cual consiste en armar una línea de producción automatizada en uno de los laboratorios. Para dichos efectos, los alumnos que cursen esa materia tienen permiso indefinido para entrar y salir y hacer lo que les de la gana para poder terminar ese cometido.
Cuando le dije al guardia que estaba en ese entonces en la entrada que me abriera las puertas del edificio de ingeniería, lo que recibí fué una rotunda negación. Mi nombre no aparecía en los permisos firmados para entrar a los laboratorios, y la cosa fué así:
-Mire, nuestra autorización es permanente porque tenemos necesidad de estar ahí gran parte del tiempo, el instructor nos ahorró el tener que hacer el mismo trámite todos los días expidiéndonos un memorándum de permiso permanente. Así que no lo va a encontrar en las hojas comunes y corrientes que le dan a los demás.- Dije, con mi lenguaje más cordial y correcto.
- Pues es que los nombres de los chavos que entran- dijo el guardia- deben estar todos aquí y el suyo no aparece-
- Por eso le digo que nosotros no pedimos permiso porque YA lo tenemos-
- Pues es que como se le ocurre, no piden permiso y luego en Semana Santa…
Semana santa… una semana que creyentes y no creyentes por igual decidieron “santificar” haciendola días feriados, yéndose de vacaciones, echando relajo y poniéndose hasta el cuete con los gringos que vienen de spring break. Me asombra tanta santidad ¿Acaso les importa un poquito aunque sea lo que se conmemora en estas fechas?. El eco del reclamo del guardia aún retumba en mis oídos como una excusa hueca y sin fundamento.Talvez estoy yendo muy lejos, pues no sé qué es lo que pasaba por la cabeza de aquel sujeto. Pero la forma en que lo dijo no denotaba sino la limitada mentalidad del común de la población.
Mi indignación en esta ocasión va en contra de aquellos que van por la vida izando muy en alto su estandarte de ateísmo, quienes son los que se ofenden con la más mínima expresión de fe y se escandalizan cuando, por decir, un profesor ora en una escuela; y que son los mismos que se hechan las manos a las bolsas tan tranquilamente durante una semana de celebración “religiosa” sin decir ni pío (como dice el dicho: ¿a quien le dan pan que llore?). También en contra de aquellos que no profesan una fe, sino que siguen por costumbrismo un montón de tradiciones inútiles que aparte de todo utilizan como escudo para regodearse en su mediocridad. Eso no es lo que vino a enseñar Jesús cuando vino a este mundo.
¿Porqué no te tomas un momento para pensar en ese hombre, sea que creas o no en Él? ¿Alguna ves has escuchado su mensaje? ¿Alguna vez te detuviste a meditar en sus palabras? ¿Alguna vez has sido agradecido por lo que tienes? (aunque sea por las vacaciones, caramba).
Los vientos de semana santa soplan muy fuerte, pero no podrán derribar las barreras de nuestra mente ni podrán arrancar la amargura que nosotros mismos hemos sembrado en nuestro interior. Jesucristo si puede.


